Biblia

El misterio de Emaús

¿QUÉ PASÓ EN EMAÚS? Todos los cristianos pueden contarte la historia. La aprendieron hace muchos años. O, al menos, así lo creen. Te hablan, con una sonrisa en los labios, de lo astuto que fue el Señor al incorporarse a la pareja de caminantes. Pero aparentaba desconocer los acontecimientos de Jerusalén, pretendía seguir caminando y fingía no querer entrar en el mesón.

Illustraciones: Rafael Domingo
Illustraciones: Rafael Domingo

Son como tres intentos de simular hacer lo contrario que deseaba: pasar y no pasar; desconocer y conocer; entrar y salir. ¿Estaba Jesús jugando con los caminantes? Al final, le reconocen al partir el pan. Emocionados, vuelven corriendo a Jerusalén a contar lo ocurrido. ¿Nos tenemos que conformar con esta visión? ¿Hay algo más en este relato que debemos captar y que el Señor nos quiere decir? ¿Fue tan dulce compañero como nos lo presentan? ¿Quiso darnos algún mensaje especial, aparte de su revelación en el mesón?

La situación es extraña. Jesús se muestra como un despistado caminante nocturno y un desconocedor de las noticias públicas. De repente, él cambia a ser un maestro que exige e insulta. Para que no piensen que exagero, escribo literalmente las palabras de Jesús según el Evangelio: “¡Qué torpes son para comprender y que lentos están para creer lo que dijeron los profetas!”.

En otras palabras, de ser un desconocido minutos antes, ahora les injuria llamándoles torpes y lentos. Conociendo al Señor pensamos que un encuentro con él no puede terminar en un insulto. Y no terminó. Seguimos leyendo en el Evangelio la pregunta que los dejó desconcertados: “¿No tenía que ser así y que el Mesías (él mismo) padeciera para entrar en su gloria?”

Con ella les demuestra que él es el verdadero Maestro y ellos los discípulos. Buena táctica para prepararlos ante una gran revelación. Tenemos que agradecer a san Lucas que nos dejó escritas estas santas palabras del Señor: “Les interpretó lo que se decía de él en todas las Escrituras, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas”. 24,27.

Para entender esta frase hay que recordar que Jesús era judío y que solamente existía la Biblia judía (el Antiguo Testamento). El Nuevo Testamento se iría escribiendo muchos años más tarde. Pues bien, Jesús hace un alarde de su autoridad y de su sabiduría al proclamar que ya se hablaba de él muchos años antes de que naciera.

Pero vayamos por partes. La Biblia Hebrea (Antiguo Testamento) consta de tres grandes partes: Pentateuco, Libros Históricos y Libros Sapienciales. A estas tres partes hace referencia el Señor, cuando instruye a los dos caminantes. Moisés, autor del Pentateuco. Profetas, los libros históricos. Escrituras, libros de la Sabiduría.

Básicamente, Jesús les dice y nos dice, que en la Biblia judía se habla de él y mucho. No nos da una cita. Nos menciona las tres grandes divisiones del Antiguo Testamento. Quiere decir que las referencias son múltiples, andan escondidas en sus numerosas páginas. Hay que leerlas y estudiarlas si queremos saber más sobre el Señor. En definitiva, el relato de los caminantes de Emaús, entre otras cosas, contiene un nuevo incentivo para conocer al Señor, dirigido a todos los creyentes. Si quieres saber de él, lee la biblia. Así de claro. ¿Lee usted las tres secciones de la Biblia?