Opinion

La tecnología no es un mal necesario

RECIENTEMENTE VI UN REPORTAJE sobre la tecnología moderna y cómo ha alcanzado niveles de “epidemia” en nuestros hogares. Verlo me motivó a retomar esta columna de notas y sugerencias desde una perspectiva profesional con un toque de experiencia personal como educadora.

Estamos en la era de la tecnología. Negarlo sería retrógrado. Negarnos al uso de la tecnología es privar a nuestros niños de la oportunidad de adquirir destrezas tan esenciales para su desarrollo académico como antes los fueron el uso del lápiz y el papel. Si privamos a nuestros pequeños del uso de estos aparatos, los estaríamos poniendo en riesgo de convertirse en “analfabetos tecnológicos”. Sin embargo, como dice el refrán, todo en exceso es malo.

Hoy los niños parecen nacer sabiendo cómo manipular un teléfono o una tableta, buscar su video favorito, sacarse fotos o hacer las rabietas más grandes del mundo si los padres los privan de ellos como forma de castigo.

Llama la atención el comportamiento de nuestros niños cuando no pueden jugar con esos aparatos, la poca paciencia y la magnitud de la frustración que muestran. Y hay una creciente tendencia de los padres a quitarles el celular o la tableta a sus hijos cuando no escuchan o violan alguna regla. Yo lo hice en su momento también: “No habrá celular hasta que el cuarto este limpio”.

¿Qué de malo tiene eso? La educación es esencial para todo ser humano, es obvio. Pero el niño debe saber el porqué de las cosas: ¿Por qué ir a la escuela? ¿Por qué mantener su habitación limpia? ¿Por qué comer saludable? etc. De no hacerlo estaremos criando títeres que obedecen sin razonar, ni cuestionar.

Cuando amaestramos un animal, nos obedece a cambio de comida o de no recibir golpes. Si manipulamos o somos manipulados con algo —el acceso al celular en este caso—, se produce el mismo fenómeno. Los chicos se mueven solo para lograr un objetivo y no porque reconocen que lo que le pide el adulto será beneficioso para él.

Otro problema —tan grave o más que el anterior—, es la poca interacción social de los chicos hoy en día. Muchos padres optan por darles un celular a los más pequeños para que no los molesten o estén callados, lo mismo en una comida que en la misa.

Sí, la tecnología es necesaria y cada día más indispensable. En muchos campos educativos se usan diversos aparatos móviles para niños con discapacidades de aprendizaje o retraso en el habla y hasta niños con autismo severo, pero con guías de uso, como herramientas de aprendizaje y no como niñeras para entretener al niño y que no moleste, ni para callarlo por el momento, pues a la larga cuando se lo quite, el niño hará su rabieta.

¿No cree usted, como padre o madre, que es mejor dedicarle tiempo a su hijo y explicarle por qué no puede tener el celular o la tableta en todo momento? ¿No será mejor que el niño salga y juegue con otro ser humano con quien pueda aprender reglas de convivencia humana? Lo que digo pudiera parecer exageración, pero he sido testigo de casos extremos, como el de dos adolescentes que planearon tomar pastillas para asustar a sus padres porque estos les habían quitado el celular. Una de ellas terminó en el hospital en la sala de psiquiatría. Para ella quizás se trataba de un juego; pero ahora es un diagnóstico de desequilibrio mental que la seguirá toda su vida.

Hagamos un alto y revisemos nuestros valores, nuestras metas como padres. La Palabra de Dios dice en Proverbios 22:6: “Educa a tu hijo desde niño, y aun cuando llegue a viejo seguirá tus enseñanzas”.