Opinion

La Virgen, signo de esperanza del inmigrante

La virgen está encinta y espera un hijo…” (Isaías 7,14). Esta es la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, que celebramos en medio del Adviento. Tiene una cinta alrededor de su vestido representando la imagen de la madre que espera al hijo que crece y se nutre en sus entrañas. Cuando vine a este país, en el año 1970, las mujeres no sólo esperábamos con ansia al hijo que traería felicidad a nuestras vidas personales, sino que además nos traería en su mano el pasaporte para obtener la residencia en los Estados Unidos.

Esta ley caducó unos años después y las mujeres y hombres de hoy buscan otras formas de conseguir la residencia. Pero todos tienen un común denominador, todos esperan. La palabra esperanza es el motor para los millones de inmigrantes que se ven amenazados con una deportación y separación de la familia.

El Adviento, tiempo de espera en nuestra Iglesia Católica, que dura cuatro semanas, se ha convertido para nuestros hermanos que viven en los Estados Unidos sin los documentos requeridos, en un adviento sin límite de tiempo. Es un adviento que tiene muchas veces el desierto de la Cuaresma, la agonía de Getsemaní, y a veces, hasta la muerte del Calvario. Decenas de miles siguen esperando que la ley sea modificada, siguen esperando que se les permita quedarse con sus familias.

En medio de esta espera, acuden a la Madre que cruzó con ellos la frontera, que los acompaña en el camino diario, y que celebran con gran regocijo en cada fiesta. Allí están los cubanos acompañados de la Caridad del Cobre, en un exilio que ya se ha hecho permanente; allí están los puertorriqueños suplicando a la Madre de la Providencia que siga proveyendo en medio del duro peregrinaje después del huracán María; allí están los dominicanos con la Madre de la Altagracia; allí están otros hermanos latinoamericanos acompañados de la Madre, bajo diferentes advocaciones.

En medio del Adviento celebramos a la Virgen embarazada, a Nuestra Señora de Guadalupe.
En medio del Adviento celebramos a la Virgen embarazada, a Nuestra Señora de Guadalupe.

Y en este mes de diciembre, en medio del Adviento celebramos a la Virgen embarazada, a Nuestra Señora de Guadalupe. Las madres nos identificamos con ella porque sabemos lo que significa esperar con esperanza y alegría. Los inmigrantes, hombres y mujeres, nos identificamos con ella también porque sabemos que ella misma tuvo que emigrar y cruzar el desierto con su hijo en brazos, y con su esposo José, para buscar paz y justicia al otro lado. Como ella, esperamos tiempos mejores.

Ella, la Virgen Morena se apareció al indígena sufriente 500 años atrás, en lo que hoy es Mexico, para darles amor y esperanza. Con los misioneros llegó a tierras del sur de lo que hoy es Estados Unidos. Nunca ha dejado de acompañar a sus hijos. Ellos lo saben y la traen en una medalla al cuello, en una imagen en sus mochilas, y sobre todo, la traen injertada en el corazón. Ella sigue acompañando al latino inmigrante en esta tierra donde la lucha es más dura porque la tierra no es la propia; y más dura todavía si se vive con temor de ser deportado. Mientras tanto, la Madre sigue alentándonos con su imagen de “espera”, y sigue acompañándonos en este “valle de lágrimas” como dice nuestra “Salve”.

Gracias Madre por haber inmigrado con nosotros, por acompañarnos y por darnos esperanza.