Opinion

Pascua cristiana: Transformación y vida abundante

Con el Miércoles de Ceniza los hombres y mujeres del mundo católico iniciamos un tiempo de preparación a la celebración de la mayor confesión de fe y fiesta cristiana: la Pascua de la Resurrección de Jesucristo.

La Resurrección tiene, desde el origen de esta confesión de fe sobre Jesucristo, por parte de los cristianos, dos significados fundamentales: vida nueva y vida abundante.

Después de muerto Jesús, los primeros discípulos experimentaron una transformación de sus vidas por la que eran los mismos pero eran otros. Son muchos los textos de los evangelios y de todo el Nuevo Testamento que muestran cómo transformacion/vida nueva fue la experiencia que permitió y llevó a los primeros cristianos a confesar al Crucificado como el Viviente de todos los tiempos.

Así, por ejemplo, ya no tenían miedos sino que salieron a predicar por el mundo valientemente el evangelio; ahora ya no se sentían como siervos sino hijos; experimentaron una renovación de su mente, de su criteriología, de su manera de ver a Dios (como Padre) y a los otros (como hermanos); ya no se sentían hombres viejos (apegados a todas las categorías legales/cultuales del Antiguo Testamento) sino hombres NUEVOS.

Dicha transformacion y vida nueva lleva implícita una vida plena, una vida feliz, una vida eterna. Y así lo ponen en labios del mismo Jesús como síntesis de la misión de su proyecto de vida: “He venido para que tengan vida y que la tengan en abundancia” (Jn 10,10).

Estos dos aspectos fundamentales, en la principal confesión de fe del Credo cristiano, como quedó dicho, contienen un enorme y esperanzador programa de vida para todo hombre y mujer de buena voluntad y para la sociedad y el mundo que estamos empeñados en construir.

Así, todos hemos de hacer la tarea diaria de ser cada día mejores seres humanos (metanoia, conversión, lo llama la teología cristiana), la tarea de transformarnos en mejores ciudadanos, cumpliendo cada uno de la mejor manera con el rol profesional y estilo de vida en el que se desempeña. Necesitamos con urgencia padres y madres de familia que hagan de la mejor manera su tarea, lo mismo que estudiantes, deportistas, artistas, médicos, profesionales de todas las áreas del saber, políticos, legisladores, empresarios, militares, líderes de todas las vertientes sociales, etc. Porque mejores seres humanos darán y construirán, como resultado, estructuras sociales más en consonancia con nuestros mejores sueños y anhelos…

Cualquier diagnóstico que hoy se haga —por somero que sea— a nuestras estructuras sociales, culturales, económicas, políticas, etc., dará como resultado la necesidad de un cambio interior en el corazón de cada ser humano, de sus principios, de sus valores, de sus prioridades, de sus perspectivas y de la manera de ver a los otros y al mundo. Del mismo modo, es una constante en los estudios sociales la necesidad de construir sociedades más equitativas, más justas, más solidarias, más pacíficas, más fraternas, es decir, con menores y mínimos niveles de hambre, de inequidad, de miseria, de violencia y de mil formas de muerte.

Es aquí donde adquiere todo su valor el mensaje central que nos transmite a todos los hombres y mujeres de buena voluntad y a todos los pueblos de la tierra la celebración de la Pascua cristiana por la confesión de fe en el Crucificado-Resucitado. Así, la Pascua cristiana, entonces, es la celebración y “paso” (eso significa la palabra hebrea pascua) de vidas menos plenas a vidas más felices, de la rutina de vidas ancladas en el pasado a vidas y estructuras sociales transformadas, renovadas, llenas, propiciadoras y promotoras de vida abundante.

Que la celebración de la Pascua cristiana sea la celebración de nuestra cotidiana en mejores hombres y mujeres para lograr espacios sociales llenos de VIDA.