Natasha Bisbal

Un camino de esperanza y sanación

El pasado miércoles 15 de abril en la Catedral Basílica de St. James en Downtown, Brooklyn, Monseñor Nicholas DiMarzio, Obispo de la Diócesis de Brooklyn, celebró una Misa de esperanza y Sanación para sobrevivientes de actos de abuso sexual cometidos por miembros del clero.

La misa congregó a feligreses así como a aquellos sobrevivientes y familiares, quienes también resultan afectados por esta clase de abuso. Al iniciar la eucaristía Monseñor DiMarzio reiteró la necesidad de ir “en busca de esperanza y sanación”, un mensaje que promueve la Iglesia y aquellos que buscan la vigilancia y protección de niños y jóvenes.

En 2013 un equipo de intervención y sanación fue conformado en nuestra diócesis, bajo el liderazgo y guía de Monseñor DiMarzio. Jasmine Salazar, LMSW, es la Coordinadora de la Oficina del Ministerio de Asistencia para Víctimas y desempeña un papel clave con el ministerio que responde ante dichas acusaciones. Iniciativas como esta misa buscan que las víctimas encuentren un camino de esperanza para lograr su sanación de la mano de su fe en la Iglesia. De esta forma, Jasmine contesta las llamadas de la línea de emergencia creada para reportar cualquier forma de abuso sexual cometido por un miembro del clero o por parte de un voluntario en la Iglesia. Según Salazar, además de escuchar a las víctimas, ella les ofrece servicios como terapia y coordina la especialista que puede estar disponible para cada caso. “Ser afectado por este tipo de abuso sexual es traumático y doloroso física, emocional y mentalmente”, afirma Salazar.

Por esa razón ella también ofrece dirección espiritual al sobreviviente. “Si necesitan dirección espiritual, contamos con la asistencia de diferentes sacerdotes y diáconos que trabajan conmigo. En esos casos, hago la conexión entre el director espiritual y la víctima para iniciar el proceso de sanación”. De esta forma, cuando alguien se comunica con la línea de emergencia, su acusación es llevada ante las autoridades oficiales al igual que a las eclesiásticas para abrir el proceso de investigación.

Entendiendo la sensibilidad de este tema y la gravedad de estas acusaciones, los miembros del equipo de intervención y sanación encabezado por Jasmine, están capacitados para dar el manejo adecuado a cada caso.

En el marco del procedimiento ante una denuncia de estas características, miembros del equipo llegan después de la misa dominical a la parroquia afectada para informar a la comunidad e indagar si existen otras acusaciones. En esta etapa también se resuelven dudas y se ofrecen directamente información o clarificación de lo que va ocurrir en los siguientes pasos del proceso.

Jasmine Salazar llega al ministerio de asistencia para víctimas después de haber desempeñado varios papeles en la diócesis. Una de sus responsabilidades también incluye trabajar en la Oficina de la Cancillería por más de 3 años. Antes de su llegada a la diócesis en 2009, fungía como trabajadora social para servicios para víctimas, específicamente en casos de violencia doméstica en las cortes de Brooklyn y Queens. En ese entonces, explica Jasmine, “asistía a familias con crisis que tenían niños en riesgo de perderlos” ya que el Estado pretendía alejarlos del hogar. “Entraba como trabajadora social para ayudar a las familias con cosas positivas para que así los niños no estuvieran más en riesgo”, afirmó Salazar. Hoy en día Jasmine, nos cuenta, está muy agradecida al haber encontrado una manera de conectar su entrenamiento profesional con su fe, “es algo que siempre anhelaba y después resultó esta oportunidad” añadió.

Monseñor DiMarzio le había manifestado a Jasmine que quería conocer a los sobrevivientes y ver cuáles son sus necesidades, aquellas donde la diócesis pudiera servir de ayuda. El resultado se materializó en esta reciente Misa de Esperanza y Sanación, organizada gracias a una iniciativa conjunta entre algunas víctimas de este flagelo y la Oficina del Ministerio de Asistencia para Víctimas. De igual forma, se espera crear un grupo de apoyo para ellos y otros sobrevivientes para participar en otras actividades como un retiro. Recibir la Eucaristía es recibir “medicina espiritual que sana el pecado, la memoria y las heridas del abuso. La sanación es posible con el poder de Jesucristo”, dijo Monseñor DiMarzio en su homilía.