Nuestra comunidad religiosa

El padre Francisco Walker y su camino acompañando al pueblo de Dios

*Por Marietha Góngora V.

El padre Francisco Walker nació en Buenos Aires en 1962, un año marcado por una profunda crisis política en Argentina, cuando un golpe de Estado derrocó al presidente Arturo Frondizi generando un período de inestabilidad. Para entonces además la Iglesia católica universal comenzaba una nueva etapa con el inicio del Concilio Vaticano II, que impulsaría una renovación pastoral de puertas abiertas al diálogo con el mundo contemporáneo.

El sacerdote creció en una familia de seis hermanos, cuatro varones y dos mujeres. Su hermana mayor, María Felicitas, nació en Argentina mientras tres de sus hermanos, Patricio, María Eugenia y Juan Santiago nacieron en Canadá, país al que sus padres habían emigrado temporalmente. Tras el regreso de la familia a Argentina, nacieron Carlos y Francisco, el menor de los seis. Patricio y Carlos también son sacerdotes.

“Vivimos toda la vida a las afueras porque mi padre, una vez que regresan de Canadá, que quedó cesante, mi madre heredó una casa muy linda y vivimos en las afueras de Buenos Aires”, relata el padre Francisco.

Académicamente y en su entorno familiar creció en un ambiente profundamente católico. “Fuimos todos a la misma parroquia y a la misma escuela católica, bueno, los varones a una y las mujeres a otra, y así después me viene la vocación”, comenta.

Disfrutaba del enfoque humanista de su educación “el contacto con la historia, la filosofía, el arte, me despertaron preguntas, cuestionamientos de la belleza, de las cosas de la vida, de la familia, del porqué del bien y porqué del mal, porqué lo feo y lo lindo, porqué lo verdadero y lo falso” comenta el padre, quien agrega: “a mis 14 o 15 años tenía esos planteamientos y tenía más bien intereses culturales”.

“En la escuela secundaria sentía que todos hablaban de lo que iban a hacer cuando se casaran”, recuerda el sacerdote, quien añade que, a sus 15 años, no se “sentía inclinado al matrimonio y me encantaba el estudio y las preguntas sobre las cosas últimas”, preguntas como “¿dónde va a terminar todo esto que vivimos?”, porque le “daba la sensación de que la vida humana no podía resolverse acá, que tenía que haber un propósito más grande para la vida”.

La entrada de su hermano al seminario, la lectura de La imitación de Cristo, de Tomás de Kempis, y el acompañamiento espiritual fueron claves para profundizar su fe y descubrir su llamado al sacerdocio.

Así, en 1980 cuando cursaba su último año de secundaria, ingresó al seminario menor, donde inició su preparación para el sacerdocio. Posteriormente, adelantó sus estudios de filosofía y parte de la formación teológica en el seminario Nuestra Señora del Cenáculo, en Paraná, completó los últimos años de teología en la diócesis de San Rafael, en el oeste de Argentina, y el 4 de diciembre de 1987 fue ordenado sacerdote.

El padre Francisco inició su ministerio pastoral en la parroquia San Antonio en Luján y posteriormente fue secretario en la casa curial del obispo durante un año. Luego fue destinado a servir en la parroquia San José y a colaborar con la Escuela Marista, enseñar en el seminario y asumir otras responsabilidades.

En 1997 llegó a la Diócesis de Brooklyn y ha servido en las parroquias de Queens San Bartolomé y Ascensión, posteriormente en 2005 fue nombrado párroco de Santa Ágata (Brooklyn) y de 2015 a 2021 sirvió como párroco de El Ángel Guardián (Brooklyn). Tras un período sabático de seis meses, el 1 de enero de 2022 asumió como párroco de Santo Tomás el Apóstol (Queens), donde continúa sirviendo a la comunidad en calidad de pastor.

De su labor, la cercanía con el pueblo de Dios le llena el corazón. “La experiencia del contacto con la gente en una situación litúrgica, donde uno se siente padre, no por pensar que yo sé más que nadie” sino por el hecho de poder “impartir una buena reflexión sobre el Evangelio que uno dice cuánto bien hará la gente en su vida”.

Así mismo estar en presencia del Santísimo son momentos que atesora. Aquella paz y plenitud, aún más en la noche que envuelta en el silencio lo hace dormirse. “Yo me siento como que me dormí en los brazos de Jesús”, dice.

En su tiempo libre el padre Francisco disfruta mucho de la lectura de un buen libro “de filosofía, de teología, de exégesis, un libro de cuentos […] no me duermo sin un libro”. Asegura que también disfruta de diversos géneros musicales como la ópera, la música sinfónica, el jazz y el bossa nova, así como asistir a conciertos y presentaciones musicales.