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El primer obispo hispano de Estados Unidos dejó un legado para las generaciones venideras

Por Paula Katinas 

Mons. Patrick Flores fue el primer obispo hispano en Estados Unidos y el cuarto ordinario de la Arquidiócesis de San Antonio. (Fotos: cortesía de la Arquidiócesis de San Antonio)

PROSPECT HEIGHTS — El primer obispo católico hispano jamás nombrado en Estados Unidos dejó un rico legado que todavía se siente hoy en la Arquidiócesis de San Antonio, donde sirvió durante décadas, según el actual arzobispo.

Mons. Patrick Flores (1929-2017), méxico-americano, se levantó desde los humildes orígenes de ser hijo de trabajadores migrantes hasta llegar a dirigir la Arquidiócesis de San Antonio, donde se desempeñó como obispo auxiliar de 1970 a 1978 y como arzobispo desde 1979 hasta su retiro en 2004.

Mons. Gustavo García-Siller, actual arzobispo de San Antonio, dijo que Mons. Flores dejó su huella en numerosas áreas, entre ellas la educación, la justicia social, el diálogo interreligioso y las relaciones internacionales.

“Fue el primer obispo hispano ordenado en Estados Unidos. Eso es muy poderoso y significativo”, dijo Mons. García-Siller. “Era un hombre muy sencillo, muy astuto, pero muy humilde. Promovió la educación superior para las personas vulnerables”.

En 1975, Mons. Flores fundó el National Hispanic Scholarship Fund, que a lo largo de los años ha otorgado un estimado de $650 millones en becas, según Mons. García-Siller.

Mons. Flores también fue clave en la apertura del Mexican American Cultural Center, en San Antonio, en 1972. Hoy conocido como Mexican American Catholic College, funciona como centro de formación para el clero y los laicos que trabajan en comunidades hispanas.

“Era el único centro en Estados Unidos que ofrecía formación a sacerdotes, obispos, cardenales y laicos que ocupaban posiciones para impulsar la educación y la formación de los hispanos en Estados Unidos”, explicó Mons. García-Siller. “Ahora hemos tenido muchos otros en los últimos 15 o 20 años”.

Patrick Flores nació en Ganado, Texas, el 26 de julio de 1929, uno de los ocho hijos de Patricio y Trinidad Flores, trabajadores agrícolas migrantes.

“Tuvo una vida difícil”, dijo Mons. García-Siller. “Tuvo que dejar la escuela primaria en sus últimos años para trabajar y mantener a la familia”.

Sin embargo, más tarde regresó a la escuela y finalmente se graduó de Catholic Kirwin High School, en Galveston. Estudió para el sacerdocio en St. Mary’s Seminary, en Houston, y fue ordenado en 1956 en la Diócesis de Galveston-Houston.

En 1969, el padre Flores se unió a un grupo de clérigos hispanos para formar PADRES, una organización dedicada a sensibilizar a la opinión pública sobre los problemas que enfrentan los hispanos en la sociedad.

“Se convirtió en una organización que no era solo local. Fue más allá de Texas”, dijo Mons. García-Siller. “Así que es otra parte de su legado”.

Un año después, en 1970, el padre Flores fue nombrado presidente del Texas State Advisory Committee to the U.S. Commission on Civil Rights.

Ese mismo año, el papa Pablo VI lo nombró obispo auxiliar de San Antonio, donde sirvió durante ocho años antes de que el papa Pablo VI lo nombrara obispo de la Diócesis de El Paso.

Mons. Patrick Flores invitó a san Juan Pablo II a visitar San Antonio, invitación que fue aceptada en 1987. Ambos compartieron un recorrido en el vehículo conocido como el papamóvil por el centro de San Antonio.

En 1979, el papa Juan Pablo II lo nombró arzobispo de San Antonio, cargo que ocupó hasta su retiro en 2004.

Durante su gestión, Mons. Flores trabajó para construir puentes con líderes de otras religiones, señaló Mons. García-Siller. Por ejemplo, colaboró con líderes protestantes y judíos para proporcionar alimentos y otros artículos esenciales a los migrantes y solicitantes de asilo que cruzaban la frontera sur desde México hacia Texas.

Mons. Flores también construyó puentes a nivel internacional.

“Viajó con otros dos prelados a Cuba durante la época de (Fidel) Castro”, explicó Mons. García-Siller. “Fueron los primeros prelados a quienes se les permitió entrar a Cuba desde que Castro era jefe de Estado, y fueron allí para promover la liberación de los presos políticos”.

Añadió que Mons. Flores fue “muy decisivo para lograr que Castro abriera la puerta a que los sacerdotes pudieran ejercer su ministerio en Cuba”.

Tras la muerte de Mons. Flores, el 9 de enero de 2017, Mons. García-Siller presidió su misa exequial en la Catedral de San Fernando, en San Antonio.

Cuando Mons. García-Siller fue nombrado arzobispo de San Antonio en 2010, conoció a Mons. Flores, ya retirado, a quien recuerda como un hombre cálido y generoso que lo hizo sentir bienvenido.

“Era muy amable”, dijo, “muy cercano”.

Mons. Patrick Flores se encontró con la Madre Teresa en la iglesia St. Gregory the Great durante la visita de ella a San Antonio en 1976. (Foto: cortesía de la Arquidiócesis de San Antonio)