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Un viaje de esperanza: el papa Francisco hizo historia

Era un acontecimiento que los colombianos esperaban con esperanza. Un país que había sido víctima de la violencia durante más de 50 años, y que por fin había logrado un acuerdo de paz, con la guerrilla más antigua de las Farc, necesitaba una voz de esperanza. Durante 5 días esa voz de esperanza fue el Papa Francisco.

En varias ocasiones había sido invitado, tanto por el gobierno como por los Obispos, pero con la prudencia que lo caracteriza espero el momento oportuno. Con la implementación del acuerdo, en medio de un escenario de opiniones divididas, y el desarrollo de diálogos y un cese al fuego con la otra guerrilla del ELN, el Sumo Pontífice, el primer Papa hispano en la historia llegaba para hablar de reconciliación , de perdón y esperanza.

Durante 5 días la noticias en Colombia solo fueron de amor y solidaridad, de pedirle a los jóvenes que se dejaran robar la esperanza, de invitar a los jovenes a enseñarle a los adultos como se puede dejar el rencor atrás y pensar en un nuevo país, y de hacer un llamado a toda una nación para dar el segundo paso, después de dar el primero, como fue el lema de la visita.

Y nosotros fuimos testigos de este hermoso capítulo de la historia de Colombia. No cabe duda que se tendrá que hablar de antes y después de la visita del Papa Francisco. Fuimos testigos de esos rostros de ilusiones y de fe, de un pueblo unido para escuchar al Vicario de Cristo. Fueron 5 días en que los colombianos dejaron a un lado la polarización, para cantar y vibrar con una persona que ha sido testimonio de la solidaridad, el perdón y la esperanza.

Alguien que logró reunir en un mismo lugar a víctimas y victimarios, que se puso la ruana, o el carril, o el sombrero voltios. Un Papa que fue hasta lo más profundo de la cultura y el sentir de los colombianos. Que se ganó el corazón de los cachacos, los paisas, los llaneros, o los corronchos, como lo dijo en uno de sus mensajes, y que despertaron admiración por su informalidad.

El Papa que le gusta tomarse un buen tintico, o que sabe de futbol. Las multitudes a lado y lado de los recorridos en papamóvil demostraron que si es posible estar unidos por una buena causa. Porque independientemente si la gente era católica o no, les inspiraba los deseos y la preocupación del líder de 700 millones de personas en la fe, que invitaba a dar ese primer paso.

Fue un viaje histórico que dejó una profunda huella . Un viaje donde el Papa Francisco logró sembrar la semilla de una verdadera reconciliación, de recordar que ante Dios todos somos iguales, y que para lograr La Paz se debe dar participación a todos, sin exclusiones, y donde la justicia social y el respeto de los dichos humanos sean las columnas de la construcción de esa nueva nación.

El carisma del Papa

Durante el vuelo de la esperanza que iniciamos en la mañana del miércoles 6 de septiembre en Roma, tuvimos la oportunidad de conocer más de cerca a un extraordinario ser humano. El Papa compartió durante más de media hora con los periodistas, que tuvimos el privilegio de tener una silla y ser parte de este histórico viaje.
Allí estaba Noticiero 47 para un cubrimiento histórico paso a paso, de una visita que iba a cambiar la historia de Colombia.

Saludo de la manera más afectuosa y cariñosa, y recibió varios regalos, como libros y mensajes. Escucho las inquietudes y los comentarios, confirmando porque es el Papa humilde y que valora el trabajo de los medios de comunicación. En su primer mensaje aseguró que iba en una misión de reconciliación y esperanza, dejando claro que su viaje no era político sino pastoral. Tenía la oportunidad de regresar a un país en el que ya había estado en dos ocasiones, y su entusiasmo era evidente.

Con ese carisma y luego de un viaje de 12 horas piso tierra colombiana, como Pontífice, y en el aeropuerto su rostro mostraba esa alegría de estar en su ambiente y su energía espiritual que contagia e irradia paz. Allí recibió el afecto de un pueblo que lo esperaba con ansias y al ritmo de cumbia que tocaba un grupo, pudo estrechar las manos y expresar su afecto para iniciar una visita que ha podido cambiar la vida de muchas personas.

Hizo el primer recorrido por en papamóvil por la calle 26 para llegar hasta la Nunciatura apostólica, el sitio de su alojamiento durante toda la visita. Sin importar el cansancio su rostro se iluminó cuando vio a niños y jóvenes que lo esperaban para cantarle y contarle sus experiencias. Niños y jóvenes que se habían rehabilitado de una vida de calle y drogas, que gracias al trabajo de comunidades religiosas podían ver hoy el futuro de otra manera. En una escena que llego a provocar lágrimas se puso una ruana que le regaló uno de los niños, que lo abrazaba como a un padre.

El primer evento del Pontífice fue el encuentro del Padre con sus hijos, niños huérfanos y víctimas de la violencia que habían sido tocados por la Misericordia de Dios y que recibían el afecto de su Pastor.

Sus palabras de aliento y su llamado a que no se dejarán robar la esperanza, que a pesar de los problemas eran hijos de Dios y que no se podían sentir abandonados. Que la vida, a través del evangelio y reconocer el rostro de Jesus en casa uno de ellos, podía tener sentido. El corazón de los menores se llenaba de alegria y con entusiasmo aceptaban el llamado del Papa para luchar por la esperanza.

Que manera de comenzar esta visita, de enviar ese mensaje que no todo está perdido, que a pesar de las adversidades que llevan a muchos al abismo de las drogas, la desesperación y hasta pensar en el suicidio, siempre está la mano de Dios para socorrerlos, a través de tantas personas que se dedican a ayudar y a ser voluntarios de esperanza.

El Pontífice se retiró a descansar y los jóvenes y niños salieron emocionados de esta experiencia que les había regalado el Señor. Francisco había dejado la huella en sus corazones para que no teman y confíen en la Misericordia de Dios y la protección de la Virgen María.

Bogotá y los jóvenes

Por ser jefe de estado el Papa tuvo que cumplir con la reunión de protocolo y recibir los honores militares. El preside te Juan Manuel Santos y su esposa le daban la bienvenida en nombre del pueblo colombiano. Y mientras hacía el recorrido por la plaza de armas recibió el saludo de varios niños, con limitaciones físicas, a quienes pudo abrazar y escuchar sus palabras de amor. Los niños saltaban de la alegría, como decían estaban felices de haber tenido el saludo más importante en sus vidas.

Y es que los niños iban a ser los protagonistas de este primer acto. No se había sentado el Papa todavía cuando otros niños, los del coro que estaban vestidos de blanco, rompieran el protocolo y rodearan al Pontífice para abrazarlo y sentir su presencia. Una demostración que se convirtió en un símbolo en el mensaje del Papa, que estaba conmovido con la acción de los menores.

Después de la ceremonia un recorrido corto en papamóvil, pero que llenaba de emoción al Pontífice y a jóvenes que habían llegado de varias regiones del país para su encuentro en la plaza de Bolívar. “Está es la juventud del Papa”, gritaban emocionados y Francisco no ocultaba su alegría. Estaba contagiado con el entusiasmo de los jóvenes, algo que ha sido especial durante su Pontificado. Jóvenes que lloraban y decían que era un regalo del cielo su presencia entre ellos y que era el mensajero de paz y de esperanza.

Todos lo acompañaron en su saludo a la Virgen de Chiquinquira, la patrona de Colombia, cuya imagen había sido traída en procesión desde esa población. A la madre del cielo confió las esperanza de los jóvenes que no dejaban de cantar y expresar su emoción por el momento.

Hasta que apareció en el balcón del Palacio Arzobispal. Su rostro más emocionado que nunca y un tono de voz contagiado de la juventud, para decirles que ellos son la esperanza de Colombia y América Latina. Utilizando palabras coloquiales, propias de la idiosincracia colombiana , como los vayamos y los paisas, o una final entre el Nacional y el

América, el Pontífice entró en ambiente y en confianza para enviar su mensaje pastoral.
Advirtiendo que los jóvenes pueden cambiar el mundo, les dijo que a diferencia de los adultos, ellos podían tener la capacidad para dejar atrás el rencor y abrir espacio a la reconciliación. Los invito para que dieran testimonio y con su ejemplo poder convencer a los mayores para que cambien su actitud, y le apuesten a La Paz para construir un mejor futuro para todos.

El sol que iluminaba la plaza de Bolívar ayudaba al ambiente de compromiso, y las palomas que volaban en todo momento, parecía que entendían el acontecimiento que se vivía y que generaba una actitud de ayudar y formar parte de ese ejército de paz un necesita Colombia.

Luego de una mañana llena de emociones y esperanzas, donde el Papa se había reunido también con Obispos de América Latina, a quienes había recordado el compromiso de la Iglesia de trabajar con los más pobres y necesitados, el Pontífice se preparaba para su primera eucaristía en esta visita.

Llegamos al parque Simón Bolívar donde había más de 1 millón de personas, en medio de un aguacero. Había llovido intensamente, pero eso no había sido un problema para los feligreses que llevaban varias horas al aire libre, preparados osara su encuentro con el Papa. Pocos minutos antes de la llegada de Francisco y de dat comienzo a la ceremonia el cielo se comenzó a despejar y hasta el sol había su aparición, como un signo del cielo para un momento tan especial.

En el mismo escenario en el que habían celebrado eucaristía dos de sus predecesores, el ahora Beato Papa Pablo VI, en 1968, y el proclamado Santo el Papa Juan Pablo II, Francisco, con un báculo hecho de matas de café, compartía su primera misa. Se esperaban 600 mil personas y las autoridades reportaban 1 millón 300 mil, que ahora con un mejor tiempo se unían en oración para este encuentro especial.
El Papa les hablo del valor de la familia y de la necesidad de la reconciliación, de caminar con esperanza y ser constructores de paz. Su mensaje era concreto, La Paz se logra con la contribución de todos, y para eso recordaba cómo Jesus había invitado a sus discípulos a ser pescadores de hombres.

Villavicencio y la reconciliación

Era el día esperado por el propio Pontífice y por muchos. Llegar a una tierra que había sido azotada por la violencia y donde víctimas y victimarios se iban a encontrar para un encuentro que jamar podrán olvidar.

La lluvia también había hecho presencia en el enorme parque, donde desde hacía muchas horas feligreses con fe aguardaban al Pontífice, quien iba a regalarle a Colombia dos nuevos beatos en los altares, quienes habían sido asesinados en dos capítulos dolorosos para la nación. El calor del ambiente se juntaba con el calor espiritual. Mensajes escritos que hablaban de no más violencia. En una misma eucaristía compartían los responsables de esos episodios dolorosos y sus víctimas. Todavía se sentía algo de tensión, ya que muchos victimarios no querían que supieran que estaban ahí.

Pero el hielo se fue rompiendo y el Papa desde el altar invitaba a una verdadera reconciliación. Entre la multitud también estaban indígenas, que habían vendido de sus comunidades para pedir que también debía haber paz con la madre tierra.

Era una eucaristía donde estaban todos los sectores que en el pasado no se podían ni ver. Era el día esperando por Francisco que con emoción beatificaba al Obispo Jesus Emilio Jaramillo y al sacerdote Pedro María Ramirez, asesinados en Arauco y Armero por predicar el evangelio.

El Papa invito a la multitud a seguir su ejemplo y les pidió que tenía. Que vencer la tentación de la venganza para poder ser constructores de paz. En una eucaristía en la que estaban puentes guerrilleros, paramilitares y victimas les lanzaba el desafío para cerrar el capítulo del dolor y el rencor, y poder adelantar un proceso de sanacion para una sociedad sin violencia y más justos.

El alimento espiritual se había ingerido en la eucaristía. Ahora el alimento del cuerpo y el Pontífice podía disfrutar de la tradición mamona, la carne de los terneros que es asada con un secreto gastronómico que pudo disfrutar su paladar.

Un almuerzo en un parque temático , cuyo coliseo iba ser escenario de uno de los actos más importantes de su visita.
Victimas llegados de todo el país, con sus corazones heridos por tragedias que ya se han cansado de contar, pero con la actitud de dar ese primer paso hacia el perdón. Personas mutiladas por minas antipersonales o en atentados, sentadas al lado de exguerrilleros y exparamilitares que se atrevían a reconocer sus errores y pedir perdón. Era un escenario convertido en un hospital del alma.

El altar lo presidía la imagen mutilada del Cristo moreno de Bojaya, que casi es destruido por la acción de los guerrilleros que convirtieron la Iglesia de esa población del Choco, en un infierno que había dejado más de 90 personas muertas, una tragedia que sigue Fresca en la memoria de los colombianos.

A esta imagen de Cristo le quitaron un brazo y una pierna y su pecho está lleno de balazos. Así lo querían venerar, como la hermosa historia de “Mi Cristo roto”, que contaba la historia de un sacerdote español que había encontrado un Cristo desfigurado en una casa de antigüedades y lo compro para restaurarlo, pero cuál sería su sorpresa cuñado la imagen le hablo en su casa exigiéndole que no lo fuera a restaurar porque quería que en su desfiguración, sin un brazo, ni una pierna y con su cara sin un ojo, las personas vieran los rostros de los más necesitados.

Por eso el Cristo de Bojayá era el símbolo para estremecer la conciencia de algunos y para ser la esperanza de sobrevivientes. El Papa en medio de la aclamación de los protagonistas del conflicto armado comenzaba su mensaje diciendo que era un momento que estaba esperando. Con mucha atención y expresiones de dolor en su rostro escucho el testimonio de quienes lo perdieron todo por culpa de la violencia. De quienes un día como Pastora , una humilde campesina, perdió a su hija a quien no volvió a ver, hasta que encontraron su cuerpo sin vida, en una acción de paramilitares, pero en ese mismo altar del person conmovía el testimonio de una joven, a quien le habían robado su inocencia y sus años de niña cuando fue reclutada por un grupo subversivo, pero que había tenido la oportunidad de reconocer su error, pedir perdón y ahora ser parte de un grupo de voluntarios que trabajan en la recuperación de las víctimas.

El Papa los abrazo y como dijera en su mensaje lloro con ellos. En la emotiva catequesis del dolor Francisco levantaba su voz contra la violencia, confiando que víctimas y victimarios pudieran cerrar esa página del terror y abrir el espacio a la reconciliación para un proceso de sanación.

Las palabras perdón y reconciliación resonaban en un Coliseo lleno de tragedias, pero también como decían las víctimas de una decisión por el perdón. Un mensaje que va hasta lo más profundo del alma. De hecho los periodistas recibíamos los discursos con anticipación, con el compromiso de embargo, es decir que sólo se hacían públicos, cuando el Papa los pronunciaba, y cuando lo leímos lloramos por un momento.

Era la combinación de dolor y esperanza desde la dimención espiritual. El Pontífice quien invito a todos a dar el signo de La Paz y que se abrazaran como un signo del amor de Dios, les advertía que había que dar el Paso, que no se podían quedar en el rencor o el sed de venganza, y que era posible convertir el dolor en esperanza.

No era fácil hablar y entender de la fuerza del amor en corazones heridos de muerte por la violencia.
Fue el momento más emotivo de esta visita. Sembrar la semilla del amor y la reconciliación se había convertido en un desafío, pero la actitud y los rostros de esperanza mostraban que si es posible un cambio de vida.

Medellin y las vocaciones

Un nuevo día de emociones y esperanzas. El turno era para Medellin, la capital de Antioquia y la siguiente escala de este viaje pastoral. La agenda se atrasó porque se esperaba que el Pontífice fuera trasladado en helicóptero desde el aeropuerto José María Córdoba hasta el otro aeropuerto el Enrique Olaya Herrera, cuya pista se había convertido en un enorme altar.

Pero el mal tiempo y la intensa lluvia impidió la actividad aérea y se tuvo que hacer el recorrido de casi una hora en carro. Con la humildad que lo caracteriza el Pontífice saludo a la multitud de fieles que lo esperaba pidiendo disculpas porque habían tenido que esperar mucho tiempo para la eucaristía, y al igual que en Bogotá y Villavicencio los feligreses habían quedado empapados por la lluvia.

Con este saludo las más de 1 millón de personas entraron en ambiente y el sol salió para acompañar la eucaristía. El Papa lleno de cariño se puso el carro el y el sombrero, atuendo tradicional de esta zona, para robarse el cariño de los pausas.

Entre la multitud habían venezolanos, de los muchos que han llegado a Colombia, debido a la crítica situación en ese país, que con sus banderas se unían a la celebración y a la súplica de paz. También habían mexicanos, bolivianos y centroamericanos que participaban de esta fiesta del amor y la solidaridad.

Con su corazón de padre, Francisco encomendaba en las oraciones a las víctimas por el terremoto en México y por los rectos del Huracán Irma en el Caribe y Estados Unidos. Su solidaridad con los damnificados y su invitación a la solidaridad y a la oración.

Entonces el Santo Padre habló de la vocación al servicio que tienen los seguidores de Jesus y dejó claro que la Iglesia no es de nadie, que es Dios y que incluye a todos. Feligreses que habían llegado desde la medianoche y con imágenes de Jesus de la Misericordia y la Virgen María levantaban sus rosarios y objetos religiosos para recibir la bendición y compartir el llamado a la responsabilidad social y la caridad con los más vulnerables de la sociedad.

Una eucaristía que se ponía en práctica con la visita del Pontífice a un hogar de niñas huérfanas. La emoción de Francisco era enorme, las abrazo y les expresó cuanto las quería. Les dejo un mensaje de esperanza y de creer en el futuro desde la Misericordia del Señor, al tiempo que resaltó la labor de los encargados de la institución, como un ejemplo de lo que tiene que ser la misión y el compromiso al que nos invita Jesus.

El día terminaría en la capital de Antioquia con un encuentro con religiosos y sus familias en la plaza de toros. Una oportunidad para hablar de las vocaciones, en una región que ha sido prospera con sacerdotes y religiosos. Después de escuchar los testimonios del compromiso religioso y del amor y apoyo de las familias, el Papa levantó su voz para hablar de la misión de los servidores del evangelio. Les recordó que no se puede servir a Dios y al dinero al mismo tiempo, y que el demonio entra por el bolsillo.

Palabras fuertes pero que ponían el dedo sobre la llaga de lo que llamó las tentaciones en la Iglesia. El mensaje de quién a través de la humildad está comprometido en la renovación de la Iglesia, desde hace 4 años, que da testimonio a través de la ropa que usa, su cruz y el anillo que o son de oro, y el vehículo sencillo en el que se moviliza.
También había dejado sembrada la semilla en el corazón de los religiosos, que entendieron los desafíos que enfrentan desde la visión de su pastor, que les ha recordado que no están para ser servidos sino para servir.

Cartagena y los derechos humanos

La visita llegaba a su último día. El escenario era ahora Cartagena la hermosa ciudad en el Caribe convertida en sede de los derechos humanos, gracias al trabajo que hizo Pedro Claver, el apóstol que entregó su vida por los esclavos.
El Pontífice iniciaba su día con un recorrido por una de los barrios más pobres de la Capitan de Bolívar. El San Francisco donde bendijo la primera piedra de un nuevo proyecto social y tuvo la oportunidad de visitar una humilde familia, con quien compartió al tiempo que expresaba su solidaridad con todos.

Fue cuando hacia el recorrido en papamóvil y bendecía a las familias cuando sufrió un ligero accidente. Su rostro se golpeó con el vehículo y salió sangre alrededor de su ojo izquierdo. Su hábito se mancho de sangre y se fue amoratando alrededor del ojo. Al comienzo no quiso recibir atención medico, pero luego en una casa sencilla de la zona le colocaron una cura y se pudo cambiar de ropa.

Así con su rostro afectado llego a la Iglesia de San Pedro Claver para rezar el tradicional angelus. Alli recordó como la Virgen María nos enseña la fe y ese encuentro con Dios. Al tiempo que rezaba la oración de la Virgen hacia un enérgico pronunciamiento sobre Venezuela. Dijo que desde la tierra de los derechos humanos le pedía a las autoridades del vecino país que cese an cualquier tipo de violencia política y se de un escenario de diálogo, con participación de todos los sectores para salir de una crisis que está afectando especialmente a los más pobres.

Venezolanos que también acompañaban esta celebración recibían con alivio y esperanza este llamado, confiando en que sea escuchado y pueda ayudar para evitar que más personas sigan perdiendo la vida y sufriendo con las condiciones que llegan a la dictadura.
Y la ceremonia final. La eucaristía en un puedo lleno de feligreses que le iban a dar un adiós, que para muchos era solo un hasta luego. Una homilia donde el Sumo Pontífice reiteró su llamado a la reconciliación y resaltando la vida de San Pedro Claver motivaba a todos a que fueran esclavos de La Paz.

Con esa frase se despidió de los colombianos. Lágrimas de emoción entre los asistentes y seguramente entre los millones de personas que seguían su mensaje a través de la televisión.

Así llego al aeropuerto y con el cansancio del viaje y el impacto del golpe levanto sus manos y expresó que se llevaba a los colombianos en su corazón.

Ya en el avión conversó con los periodistas e invitó a que los colombianos debía dar el segundo paso para conseguir la reconciliación y una verdadera paz.

Habló también de su solidaridad con los llamados soñadores en Estados Unidos, golpeados por la decision del gobierno de eliminar Daca, el beneficio migratorio que les había facilitado un permiso de trabajo, y le pidió al presidente Trump que reconsidera su decisión. Eso sí comentó que no pifia entender cómo un mandatario que se había llamar pro vida pudiera estar separando familias con sus acciones.

También toco la problemática venezolana y pidió que Naciones Unidas tenga una mayor acción para buscar una salida a la crisis.

Al final dijo que estaba feliz y satisfecho, que había podido conocer más a fondo al pueblo colombiano, y que es el propio pueblo el que debe ser protagonista de una nueva sociedad en paz.

Así terminaba una visita que dejaba una huella en el Pontífice, pero más en el corazón de los colombianos, que por unos días solo hablaron de paz y reconciliación, que ahora se espera pueda convertirse en realidad. El Papa ha hecho historia. Y nosotros en Noticiero 47 también.