Opinion

El otro año nuevo

588px-halloween_1912_cardTempus fugit (El tiempo corre). Así solía aparecer escrito en los viejos relojes. De nuevo nos encontramos ante las celebraciones del año nuevo de los pueblos celtas y germánicos de la vieja Europa.

Los pueblos mediterráneos establecieron sus fiestas en torno al Sol y a la Luna. Y en torno a las frutos que nacen y crecen en abundancia gracias a la presencia y el calor benefactor de estos astros. En torno a ellos la fiesta, la alegría, la añoranza.

Los pueblos del Norte de Europa y de las Islas Británicas celebraban dos grandes fiestas en el año: el primero de mayo o Fiesta de Beltane y el inicio del año ofiesta de All Hallow e ́en.

Para celebrar el comienzo del año, el comienzo de la vida, se invocaba a todos los que habían partido, cuyas almas deambulaban por los bosques, los campos y las montañas.

En honor de estos difuntos se celebraban banquetes, a los cuales se les invitaba a participar.

Los celtas, bajo la poderosa influencia de los druidas, la víspera del 1 de noviembre, día de año nuevo, tenían una gran celebración en honor de Samhain, el Señor de la Muerte. Esta fiesta introducía el invierno, la época del frío, la oscuridad, la muerte y el silencio de la naturaleza.

Los celtas creían que en la víspera del Año Nuevo, Samhain transportaba el alma de los muertos a la casa que habían tenido en la Tierra. Las almas pecadoras que habían muerto durante el año, que se encontraban penando dentro de animales o de bosques, podían liberarse de sus ataduras y volar al cielo si, durante esa noche, se ofrecían regalos y sacrificios en su honor.

Los druidas, es decir, los sacerdotes de la religión de los pueblos celtas, encendían grandes hogueras en la festividad del Año Nuevo, el 1 de noviembre. Cada familia llevaba el fuego a su hogar, con lo cual se espantaban los espíritus y se rejuvenecía al sol.

La tradición de los engaños y de los regalos reside en la creencia de que esa noche los diablos, las brujas y sus seguidores andan sueltos por los bosques buscando a quien molestar. Para evitarlos se inventan diversas formas de engaños, o se viste uno como ellos para confundirlos.

Cuando el cristianismo se extiende entre los pueblos celtas, los primeros evangelizadores asumieron muchas de sus tradiciones y leyendas incorporándolas a la festividad de los Fieles Difuntos.

Estas festividades quedaron circunscritas a pequeñas aldeas irlandesas y escocesas. Cuando Irlanda se vio asolada por la Gran Hambruna en el siglo XIX comienza una emigración masiva a los Estados Unidos, trayendo con ellos sus costumbres, entre las que se coló All Hallows’ Eve.

Uno de los rituales propios de esta fiesta era alumbrar y guiar a los espíritus con una vela dentro de una papa. En territorio americano se cambia la papa por la calabaza, más grande y da mayor luz. Halloween debe de llevarnos a recordar nuestros difuntos y la realidad de la hermana muerte, como la llamaba San Francisco. Así es que no olvidemos que somos seres para morir, pero también para resucitar.