Nuestra diócesis

La Cuaresma: días de sacrificio y reflexión

EL 1 DE MARZO, con el Miércoles de Ceniza, dimos inicio a la Cuaresma, una época esencial del calendario católico.

La Cuaresma culmina el jueves 13 de abril. Durante este periodo, los católicos estamos llamados a hacer ayuno y abstinencia de carne los viernes. Pero, ¿por qué son importantes estas prácticas? Nuestra Voz habló con monseñor Octavio Cisneros, obispo auxiliar de Brooklyn, y con el padre Carlos Quijano, párroco del Santísimo Sacramento de Jackson Heights, en Queens.

Monseñor Octavio Cisneros

Cisneros_01_Jorge
Monseñor Octavio Cisneros, obispo auxiliar de Brooklyn. Foto: Jorge I. Domínguez-López

Es importante porque la Cuaresma es la preparación para el día más importante que existe en todo el calendario litúrgico, que es la Resurrección del Señor. Obviamente para algo tan importante necesitamos tener un corazón limpio, una apertura a recibir al Señor.

Abstenernos de ciertas cosas nos ayuda a concentrarnos más en el misterio que vamos a celebrar, a concentrarnos más en lo que sucederá ese día de resurrección. Eso se puede entender fácilmente cuando nosotros mismos en cosas más seculares nos preparamos para algo, nos preparamos para una esta en el mundo secular y ¿qué es lo que hacemos? Empezamos una preparación que muchas veces nos limita, nos hace sacrificarnos de ciertas cosas ¿para qué? Para que cuando venga el momento de la celebración verdaderamente experimentemos el júbilo que nos trae esa celebración.

El abstenerse nos habla a todos nosotros de lo espiritual, no de lo corporal, nos habla a nosotros del sacrificio de la Cruz, nos habla a nosotros de empezar a entender el misterio tan grande que es la crucifixión de Jesucristo.

Padre Carlos Quijano

Padre Quijano 2
Para el padre Carlos Quijano, no es suficiente hacer sacrificios puntuales, sino cambiar la manera como tratamos a los demás. Foto: Darío López Capera

Es importante que tengamos en cuenta que en este país —donde tenemos acceso a muchas cosas—, conviene que recordemos el ayuno para asumir nuestra propia realidad, los sacrificios de Jesucristo en la Cruz. Conviene que recordemos evitar la carne o cualquier cosa que sea suntuosa, como el vino, el chocolate, tortas.

Es importante que hagamos énfasis en el sacrificio, en el ayuno, en la mortificación como manera de purificarnos, pero también debemos entender los sacrificios y luego caer en cuenta de que a veces eso no es suficiente. El Papa lo ha dicho, por ejemplo: paga salarios decentes a tus trabajadores, no explotes, no maltrates a los demás, no crees divisiones, no construyas muros. 

No podemos decir farisaicamente que no como carne, pero con mis acciones, mis gestos y mis decisiones estoy oprimiendo al pueblo de Dios. Esa es otra realidad que el papa Francisco señala muy claramente. Si yo maltrato al prójimo, si no recibo al refugiado, si no practico la hospitalidad, la caridad, el amor, el perdón, si trato de crear muros que dividan entre los buenos, los malos, entre aquellos y los otros, pues no estoy cumpliendo la ley cristiana de la Cuaresma o de todo tiempo.