Opinion

Sembrando semillas de fe en nuestros niños

Al llegar al Michael Brennan Hall el pasado 9 de julio en la comunidad de San Rafael, escuché música, un bullicio de fiesta y risas de niños que jugaban felices. Era el primer retiro de niños que se organizaba en la comunidad. Unos 100 muchachos entre las edades de 5 y 13 años, junto a sus padres, participaron esa tarde en este esfuerzo de la parroquia por evangelizar a los más pequeños.

El propósito era claro: “pensar primero en los niños porque, como la Sagrada Escritura nos enseña, están llamados por Dios”, explicó el hermano Paul Casiano, uno de los coordinadores del grupo Vino Nuevo durante el inicio del evento. ¿Y cómo pensar primero en ellos? Dándoles la oportunidad de experimentar el amor de Dios en sus vidas, un mensaje clave que compartieron durante la tarde.

La agenda, presentada en español contó con una plática bilingüe de la hermana Alice Michael, directora de formación de la fe de la parroquia Santísimo Sacramento en Brooklyn. El grupo Estrellas de María, formado por niños y jóvenes de la misma parroquia, animó el encuentro con su música.

Margarita Casares, contó cómo llegó la inspiración de organizar un retiro de este tipo. Todo empezó después de misa unas semanas antes cuando estaba conversando con las hermanas de su comunidad sobre actividades que podrían organizar en el futuro. Sintió el deseo de crear un retiro para niños, habló con el hermano Paul y él le aconsejó que hablara con el párroco, el padre Jerry Jecewiz, sobre la idea.

Relata que “el párroco aceptó el deseo. Pensé que nos iba a dar unos meses, o un año para organizar a la comunidad. Pero sé que el Señor ya lo tenía programado. Así, el padre nos dio alrededor de 15 días. Era algo impresionante.”

La parroquia ya cuenta con un grupo evangelizador de niños, llamado Futura Generación, que se reúne cada viernes a las 7:00 de la tarde. Ellos forman niños entre 5 y 13 años, la misma edad de los que estaban participando esta tarde. Conocen de la Palabra, comparten actividades adecuadas para sus edades, unas picaderas y disfrutan de la compañía de sus amigos.

Andrea Pérez, madre que reside en Woodside, a unos 30 minutos de San Rafael, se acostumbró a traer a sus hijos al grupo porque sabe ahora es cuando ellos están desarrollando su personalidad y aprendiendo a ser responsables. “Camino desde casa durante la semana y no me molesta, pues es para sembrar algo que vale la pena. Yo quiero involucrarlos en el amor de Dios que siempre va a triunfar”, nos relata.

También dice que su anhelo es que más niños y familias se nutran de ese amor de Dios, que el grupo siga creciendo y que se repita la iniciativa en otras comunidades. Su hija Leslie, de 8 añitos, forma parte de Futura Generación y ve la alegría cuando ella transmite lo que aprende los viernes a sus amigos. Andrea le da gracias a Dios que todavía hay personas de buen corazón y buenos sentimientos que ofrecen su tiempo para ayudar a estos muchachos cada semana.

En un salón con unos 100 niños participando en las pláticas, los cantos, las obras del teatro y otras actividades — muchachos llenos de energía después de un almuerzo típico de arroz con pollo, ensalada y tortillas—, me imagino uno se puede sentir un poco agobiado. Pero los coordinadores disfrutaron del gozo de los pequeños con una alegría contagiosa. “Ando feliz”, nos dice Jasmine Sánchez Xello, de 8 años, “porque canté para Cristo, María y los santos, y ellos están aquí”. Y allí estaban gracias a Futura Generación, sus padres y una comunidad que decidió evangelizar a los niños antes de que lleguen a su adolescencia con el fin de sembrar un encuentro con Dios en ellos ahora, a esta edad.