Nuestra diócesis

El secreto para una larga vida es poner la fe en primer lugar, dice una feligresa de Brooklyn de 110 años

Por Paula Katinas 

FLATLANDS — Judith Mends, feligresa de la iglesia Saint Thomas Aquinas, nació en Granada el 21 de junio de 1916 —más de diez años antes de la invención de la televisión—.

Con 110 años de edad, Mends es una supercentenaria y se cree que es la granadina viva de mayor edad en el mundo. Ha vivido bajo 19 presidentes de los Estados Unidos y fue testigo de cómo su país natal, Granada, pasó de ser colonia británica a nación independiente.

Hoy en día, Mends apenas habla por encima de un susurro y permanece en su mayoría en la casa de su sobrino en Flatlands, el Dr. Joseph Radix, dentista, y su esposa, la jueza de apelaciones retirada Sylvia Hinds-Radix, con quienes vive desde 2019.

Sin embargo, estuvo presente en la iglesia Saint Thomas Aquinas el 28 de junio, cuando la comunidad la homenajeó al finalizar la Misa y el padre Dwayne Davis, párroco, le ofreció un pastel de cumpleaños. El padre Davis y los demás sacerdotes le impartieron además una bendición especial.

La fe católica ocupa un lugar central en la vida de Mends. Ella misma lo dice sin rodeos: “Lo es todo”. Y aunque ya no le es posible asistir a Misa en persona cada semana como solía hacerlo, no falta nunca a la transmisión televisiva de la Misa matutina.

Su sobrino, por su parte, no termina de salir del asombro ante su longevidad.

“Cuando llegó a los 100, pensamos que ya era algo extraordinario. ¿Pero 110? Nunca lo hubiéramos imaginado posible”, afirmó Radix. “Es verdaderamente increíble”.

Mends, quien pasó la mayor parte de su vida en Granada, mantiene aún su vínculo con la iglesia de Saint Patrick en Carriacou, la segunda isla más grande de Granada. Durante muchos años ha enviado dinero a esa iglesia y ha animado a otros miembros de su familia a hacer lo mismo. También ha recaudado fondos para comprar libros y útiles escolares para los niños granadinos.

“Para ella siempre ha sido todo relacionado con la Iglesia y con la caridad que ha ejercido hacia los demás”, dijo Radix.

El Dr. Joseph Radix, sobrino de Judith Mends, y su esposa, Sylvia Hinds-Radix, destacan que lo que más admiran de la centenaria es su devoción a la fe católica. “Su fe y su caridad son las cosas que más me llaman la atención”, afirma Radix. (Foto: Paula Katinas)

Mends era la mayor de ocho hermanos y es la única que aún sigue con vida.

Uno de sus recuerdos de infancia más entrañables es haber visto aterrizar un avión en la isla en la década de 1920. Volar es hoy algo rutinario, pero hace cien años la aviación era todavía una novedad.

“Yo era una niña. Tantas cosas pasan por tu mente: ‘¿Cómo puede ser esto posible?”, recordó, evocando el momento en que vio al aparato descender del cielo y posarse sin contratiempos.

De adulta, Mends limpió casas, tuvo una tienda propia, dio clases de piano, organizó eventos comunitarios y encabezó la construcción de un nuevo centro comunitario en la isla. También se desempeñó como mentora y consejera de los jóvenes de la iglesia de Saint Patrick, donde la llamaban cariñosamente “tía”.

Muchos de sus familiares vivían en los Estados Unidos, y a lo largo de su vida Mends los visitó con frecuencia. Al cumplir 100 años, en 2016, se mudó a Nueva York para estar más cerca de ellos. Se instaló en Jamaica, Queens, donde asistía a Misa en la iglesia Saint Pius X. Tres años después se fue a vivir con Radix y su esposa, donde permanece hasta hoy.

Aunque dice que su vida es buena, lamenta que la vejez la haya dejado físicamente frágil.

“Quisiera poder moverme más”, confesó.

Con todo, se muestra agradecida por su vida y por el lugar que Dios ocupa en ella: “El Señor es mi luz y mi salvación”.