Análisis

La ultima herejía y la raíz del mal actual

Por Emanuel Martelli

Neque enim quaero intelligere ut credam, sed credo ut intelligam”[1]

San Anselmo

Lo esencial es invisible para los ojos

 El Principito

En el primer capitulo de su ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo, Juan Donoso Cortés, afirma contundentemente que detrás de toda gran cuestión política subyace semper una cuestión religiosa: “la teología por lo mismo que es la ciencia de Dios es el océano que contiene y abarca todas las ciencias, así como Dios es el océano que contiene y abarca todas las cosas”[2].

Juan Donoso Cortés, sin querer, nos ha mostrado en dos breves líneas el principal problema de nuestro tiempo; el problema mas profundo, la raíz y base de los males que aquejan la civilización occidental otrora cristiana. La teología reina y madre de las ciencias, ya no ocupa su lugar entre los catedráticos, entre los dirigentes del cuerpo social, incluida la sociedad sobrenatural que es la Iglesia de Cristo. Aquellas palabras acuñadas por el gran doctor de la gracia, san Agustín, crede ut intelligas (cree para que entiendas[3]) parecen haber caído en el saco roto de los politiqueros modernos y lo que es peor, en muchos hombres de Iglesia. En consecuencia, la modernidad ha quedado miope para poder diagnosticar y extirpar sus males.

El mundo ha quedado sumergido en el poder oscuro de la ultima gran herejía del siglo que se agita como serpiente por debajo de todos los problemas políticos que marcan la modernidad. Ella es la ultima, pero fue la primera; la eterna enemiga del pueblo de Dios: el naturalismo.

  La actual pandemia, no ha hecho sino poner en evidencia ante los ojos de los creyentes, que el mundo y muchos hombres de iglesia, están sumergidos en el mas craso naturalismo.

Aquella proto-mentira originaria, “seréis como dioses”, por la que el hombre caído aspira a querer divinizar su vida y construirse un paraíso terrenal, pero prescindiendo de la ayuda divina de la gracia, sin Dios, sin sacramentos que lo salven… esa es la sempiterna tentación naturalista.

Como sucede con todo en el hombre, lo que se inició en su corazón no se ha quedado allí en su interior, y este pensamiento naturalista ha tenido que ver la luz, proyectándose como un eclipse sobre el mundo, dando origen a civilizaciones “humanas” que prescinden de Dios y de su gracia con el resultado horrífico de las antiguas civilizaciones de Babel, de Sodoma, y de Gomorra…o las modernas que devoran vidas humanas….  el famoso “a Deo lapsus, et abs te laberis”[4] de san Agustín también se aplica a las civilizaciones.

La tentación satánica del naturalismo ha siempre asediado al hombre y lo hará hasta el final: ella fue quien carnalizó la fe de los fariseos que rechazaron a Cristo. Pensaron que el Mesías seria grande y dominaría, sobre todo, en razón de ser de su raza y de su pueblo, y como guías ciegos que eran, no se percataron que existían y eran elegidos en razón del Mesías, quien era y aun es la razón de la grandeza del pueblo judío.

La tentación satánica del naturalismo es la misma que asedió la cristiandad en sus primeros siglos, tratando de corromper el deposito de la fe por medio del gnosticismo, que no es mas que un craso naturalismo, pues no es Dios que me salva sino yo que me salvo a mi mismo por la gnosis… la salvación está en mi, no necesito de Dios, ni de su gracia, ni de sus sacramentos. Me salvo por ser hombre. Pero la divina providencia quiso que San Agustín fuera el ultimo de la cadena de los grandes doctores, entre quienes se cuentan san Ireneo y san Hilario, y tantos otros quien propinara los últimos golpes sobre la cabeza de esta serpiente naturalista refutando el maniqueísmo. Reapareció el naturalismo con Pelayo, y como gusta decir el p. Castellani, san Agustín lo destruyó.

Cabe recordar aquí también la terrible situación política del Imperio devenido de cristiano en arriano, el naturalismo parecía conquistar el mundo, y borrar para siempre lo sobrenatural. En efecto, el arrianismo como lo ha bien definido Belloc[5], no fue sino la tentativa de acomodación naturalista del misterio intimo de Dios a la mente del hombre. Fue un huracán: “El mundo se despertó arriano”[6].

Derrotada en san Atanasio y en San Antonio abad como campeones de lo sobrenatural, la tentación del naturalismo encontró otro flanco:  atacó, de forma terrible la península arábiga que vino a ser un sunami naturalista sobre toda la civilización occidental y que la colocó en jaque por siglos. Allí esta el testimonio del gran Carlos Martel en Poitiers, de Don Pelayo en Covadonga, de Don Alfonso Henrique en Ourique, de Don Juan de Austria en Lepanto, de Skanderbeg de Albania, de Jan Sobieski y el beato Marco d’Aviano en Viena, y tantos otros que defendieron la civilización con el invasor naturalista que hasta hoy persiste en su amenaza contra lo que queda de civilización cristiana.

El engendro liberal de Rosseau no es sino una nueva aparición naturalista del Fitra islámico. “El hombre nace bueno pero la sociedad lo corrompe” es eco fiel de “todo niño nace en Fitra [musulmán, con inclinación al bien] pero sus padres [la primera sociedad] lo hacen judío, cristiano o politeísta” [es decir lo corrompen][7]. La herejía de Juan Jacobo Rosseau tiene como base el mismo presupuesto de la herejía mahometana: la negación radical del pecado original y el dogma naturalista de la bondad natural. De allí que no sea sorprendente lo que anunciara H. Belloc en los años 30 sobre la posible alianza del mundo moderno con el mahometismo, ya que esta sociedad que Rosseau y la Revolución Francesa parieron como mundo liberal y cuyo fruto ultimo no puede ser sino el comunismo, está de hecho usando del mahometismo para acabar de tirar por tierra los últimos vestigios de civilización cristiana en Europa.

Solo la teología, la visión de Dios sobre el mundo, puede darnos la verdadera dimensión de todo el gran movimiento revolucionario y entender que este mysterium iniquitatis (2Ts 2, 3-12), de carácter netamente naturalista, que viene proyectándose sobre la humanidad  no puede combatirse con armas puramente “naturales” como son las reformas sociales o de las estructuras. Entendamos, por ejemplo, y de una vez por todas, que el mundo moderno sobre el que se expande cada vez mas el espectro comunista, no puede arreglarse con soluciones de carácter liberal, como afirman ingenuamente muchos católicos “conservadores”:  “El espíritu igualitario de la Revolución Francesa —Libertad, Igualdad y Fraternidad—, comenzó por incubar el espectro del Comunismo; Su violencia irracional se puso en evidencia durante el terror jacobino; inspiró el Manifiesto de los Iguales de Graco Babeuf y su frustrada revolución, así como las múltiples expresiones románticas del socialismo ideal, más o menos inoperantes: Owen, Fourier, Saint Simón, Blanqui, Proudhon, etc. Ese espectro errante por Europa, tenía que concretarse en un movimiento de doctrina y de acción revolucionarias, con las formalidades de la ciencia positiva y una adecuada explotación del resentimiento social de las masas-. Su programa es el Manifiesto Comunista, cuya tremenda eficacia está a la vista”[8].

La teología, es luz sobrenatural sobre los hombres, nos muestra que la ultima grande herejía, que esta por detrás de todos los grandes hechos políticos de nuestro sufrido y cada vez mas aterrador mundo moderno, es el naturalismo y que este ha llegado a su “plenitud” en la Dialéctica Materialista y que esta para parir una “nueva normalidad”, “una nueva sociedad” “donde no tendrás nada y serás feliz”[9], sociedad de carácter estrictamente naturalista, filantrópica, sin Dios, sin gracia, sin sacramentos, donde la medicina del cuerpo ha tomado en el el lugar de la medicina del alma y donde se quiere construir una fraternidad en la naturaleza y no en la gracia. El pueblo de Dios, que es la Iglesia Universal (católica) parece ser sustituido lentamente por otro pueblo “santo” que es el de la mera naturaleza humana. Lo importante es que somos todos hermanos, hijos de Dios, sin importar si adoramos a Cristo, a Buda, o a una piedra: la fraternidad universal, pero sin Cristo y sin Iglesia.

Lo nuevo y mas terrible de este ataque naturalista, es que la Iglesia, Columna y Fundamento de la Verdad (1Tim. 3,15), que siempre contuvo las envestidas naturalistas, hoy se presenta en muchos lugares como arrodillada ante este naturalismo mundano, infiltrada por este aliento inmundo de satanás como le llamó san Pablo VI, que lleva por nombre naturalismo religioso, modernismo o simplemente progresismo cristiano. Esta es la ultima gran herejía, el resumen de todas ellas como dijo san Pio X[10]. Este movimiento naturalista y gnóstico dentro de la Iglesia, ha dejado de lado la reforma interior del hombre para dedicarse a la reforma de las estructuras sociales: Si el hombre nace bueno, y la sociedad lo corrompe, la fuente de todos los males no se encuentra en el pecado del hombre, en su alejamiento de Dios y de los sacramentos, sino en las estructuras sociales. En consecuencia, solo se busca como solución al mal presente, la reforma o justicia social, dejando de lado como obsoleto, el ocuparse de la salvación de las almas por la sana doctrina y la practica de los sacramentos.

¿Que será de nuestro mundo en la brevedad? No lo sabemos con certeza. Lo que sí sabemos es que ha de venir, aunque no sabemos cuando con precisión, el hombre sin ley (2 Tes 2: 3), el naturalista por antonomasia que se levanta contra todo lo que es Dios (2 Tes. 2,4), aquel que viene en su propio nombre (Jn. 5,43) pero que nuestro Señor destruirá con el aliento de su boca (2 Tes. 2,8). Hasta entonces, perseveremos en la oración y en la recepción frecuente de los sacramentos, que es lo mas contrario al naturalismo, con la confianza puesta en verdadero Señor de la Historia, el Alfa y el Omega, el Rey de Reyes.

Crede ut intelligas! Detrás de todos los grandes acontecimientos de este mundo, hay siempre una razón religiosa.

 

 

[1] “No busco entender para poder creer, sino que creo para poder entender.” (S. Anselmo, Proslogion, 1).

[2] J. Donoso Cortés, El catolicísimo, el liberalismo y el socialismo, Salamanca 2003, 95.

[3] S. Agustinus,Tract. Ev. Jo., 29.6

[4] “Caído de Dios, caído de ti mismo”. (S. Agustinus, Sermo 179/A).

[5] “La herejía arriana, que llenó el siglo IV y que desplegó gran actividad durante el siglo V, se proponía llegar hasta las raíces mismas de la autoridad de la Iglesia atacando la plena divinidad de su Fundador. Pero hizo mucho más, porque el motivo fundamental era una racionalización del misterio en que la Iglesia misma se basa: el misterio de la Encarnación. El arrianismo fue esencialmente una rebelión contra los misterios en su totalidad, a pesar de manifestarse como un ataque contra el misterio principal solamente. Fue un ejemplo típico y de las mayores proporciones de esa reacción contra lo sobrenatural que, plenamente desarrollada, despoja a la religión de todo aquello por lo cual la religión vive”. H. Belloc, Las grandes herejías, Buenos Aires 1943, 22.

[6] San Jerónimo, Dialogo contra los luciferianos, 19.

[7] Sahih Al Bujari, Sahih Muslim, l.33, n.6426.

[8] J. Bruno Genta, El Manifiesto Comunista, Edición Critica, s.l 1969, 64.

[9] Predicciones del Foro De DAVOS para el 2030 https://web.facebook.com/watch/?v=10154159674886479

[10] “Y ahora, abarcando con una sola mirada la totalidad del sistema, ninguno se maravillará si lo definimos afirmando que es un conjunto de todas las herejías. Pues, en verdad, si alguien se hubiera propuesto reunir en uno el jugo y como la esencia de cuantos errores existieron contra la fe, nunca podría obtenerlo más perfectamente de lo que han hecho los modernistas… Por ello les aplauden tanto los racionalistas; y entre éstos, los más sinceros y los más libres reconocen que han logrado, entre los modernistas, sus mejores y más eficaces auxiliares”. S. Pio X, Pascendi, 38.