*Por Jessica Meditz

BEDFORD-STUYVESANT — Mientras las nochebuenas y coronas seguían adornando el altar de la Iglesia de Our Lady of Victory, el Obispo Auxiliar Emérito, Mons. Octavio Cisneros dio gracias por los dones de la Navidad y la revelación a todas las naciones por parte de los Tres Reyes Magos.
Pero lo que sirvió como una celebración para la fiesta de la Epifanía el 3 de enero también marcó una despedida: una Misa de acción de gracias por las Misioneras de la Caridad, quienes han partido del convento de la parroquia en el 262 de Macon Street después de más de tres décadas.
Santa Teresa de Calcuta, fundadora de las Misioneras de la Caridad, envió a las primeras hermanas a la Iglesia de Our Lady of Victory en 1992 para brindar refugio y apoyo a mujeres embarazadas y sus hijos, y para acompañar a familias que enfrentan pobreza, crisis y aislamiento.

“Las Misioneras de la Caridad han sido como los Tres Reyes Magos para esta comunidad parroquial. Al igual que los tres Magos, ellas trajeron sus regalos a los demás”, dijo el Obispo Cisneros durante su homilía. “Trajeron el regalo de sus vidas entregadas a Dios, el regalo del servicio y el regalo del sacrificio”.
Como parte de su misión, las Misioneras de la Caridad también visitaban a los enfermos confinados en sus hogares y a quienes estaban en hogares de ancianos, impartían educación religiosa y participaban en un campamento religioso de verano.
Tras anunciar la partida de las cuatro hermanas que vivían allí, el párroco de Our Lady of Victory, el Padre Alonzo Cox, dijo que había una gran tristeza dentro de la parroquia y la comunidad.
“He tenido el privilegio de bautizar a bebés y adultos que fueron acogidos en la iglesia gracias al trabajo de las hermanas”, afirmó. “Incluso aquellos que no son católicos dicen que extrañarán su presencia en Bed-Stuy. Ellas caminaban por las calles, daban comida a los desamparados, rezaban con la gente y repartían rosarios y estampas de oración a quienes bajaban del tren y del autobús. Ese es el impacto que tienen”.
Una voluntaria de las Misioneras de la Caridad durante 25 años y residente de Howard Beach —quien prefiere identificarse como R.S.— dijo que extrañará su presencia en Brooklyn, pero planea seguir apoyándolas dondequiera que su misión las lleve, incluyendo Manhattan, el Bronx y Washington.
“Su presencia siempre fue alegre, sin importar qué. Eran muy pacientes con las mujeres —algunas de ellas tenían problemas graves— e hicieron todo lo posible por guiarlas”, comentó. “Mantenían una casa segura, una casa limpia y un hogar donde las mujeres podían desarrollarse espiritualmente. Nadie estaba obligado a rezar, pero todos estaban invitados”.
El Padre Cox señaló que las razones de las hermanas para dejar el convento incluyen la necesidad de más vocaciones, el envejecimiento de las hermanas y un vecindario cuyas necesidades han cambiado.
“Aquí en Bedford-Stuyvesant, somos un vecindario en proceso de aburguesamiento (gentrifying)… es muy diferente de lo que era en los años 90”, explicó. “Ahora, las Misioneras de la Caridad sienten que su misión puede ser aprovechada de una manera más profunda en un vecindario que sea verdaderamente pobre. El mayor impacto que han dejado en esta comunidad es ayudar a las personas a crecer en su amor por Jesús y en su aceptación de Él en sus vidas”.

