Desde Roma

María y su silenciosa oración donde encuentra la calma

Nuevamente desde la Biblioteca del Palacio Apostólico, y acompañado solo de unas pocas personas, siguiendo las normas sanitarias, el Santo Padre quiso dedicar la Audiencia Pública de este miércoles a la Santísima Virgen María, quien con una vida discreta, simple y abierta a la voluntad de Dios encuentra en la oración silenciosa la calma que vence la ansiedad.

El Santo Padre invitaba a buscar a María como modelo de la oración, que reza con actitud de disponibilidad, abierta a la voluntad de Dios y sin esperar “aparecer en los libros de historia,”

Rezar es estar disponibles

El “Sí” de María, comenta el Papa Francisco, estuvo precedido de tantos otros pequeños sí llenos de confianza en la voluntad de Dios. Ese es el mejor modo de rezar, estar abiertos a la voluntad de Dios “Señor, lo que tu quieras, como tu quieras y cuando tu quieras”. Esta es la oración de los humildes de corazón que ponen la vida en las manos del Señor.

Rezar calma el espíritu

“La oración sabe calmar la ansiedad,” afirma el Pontífice, “la oración transforma la inquietud en disponibilidad”. El ejemplo es Maria en el momento de la anunciación que sabe rechazar el miedo aun sabiendo que su aceptación le portaria dias dificiles. En la oración se aprende a decir, continúa el Papa, a decir “Lo que tu quieras Señor, solamente prométeme que tú estarás en cada paso de mi camino.”

Maria reza como Madre y como Discípula

Así como María recorre toda la vida de Jesús en silencio acompañándolo con su oración, también acompaña a la Iglesia naciente, siempre en silencio, resalta el Santo Padre, pero con la característica “intuición femenina,” que la hace estar presente en los momentos cruciales. “Es la Madre de Jesús que reza con ellos, en comunidad, como una de la comunidad. Reza con ellos y reza por ellos.”

Pero María nunca dice: “Venid, yo resolveré las cosas,” advierte Francisco, sino que dice: “Haced lo que Él os diga”, siempre señalando con el dedo a Jesús. Esta actitud es típica del discípulo, y ella es la primera discípula: reza como Madre y reza como discípula, concluye.

Un deseo del papa

El Papa Francisco concluye recordando el texto de Lucas «María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón» a partir del cual deja escapar un deseo desde lo profundo de su corazón: ¡Qué bonito si nosotros también podemos parecernos un poco a nuestra Madre! Con el corazón abierto a la Palabra de Dios, con el corazón silencioso, con el corazón obediente, con el corazón que sabe recibir la Palabra de Dios y la deja crecer con una semilla del bien de la Iglesia.