Análisis

El coronavirus: oportunidad de prioridades

Hoy asistimos expectantes, a través de los medios de comunicación y de las circunstancias que nos toca vivir, a una nueva realidad, totalmente distinta al orden en el que nos sentíamos seguros, la incertidumbre gana los ánimos, aún de los más fuertes y nadie es ajeno al fenómeno llamado coronavirus, que pone en crisis todas nuestras prioridades.

Proliferan los artículos científicos sobre su virulencia y agresividad en el organismo y también sobre su especificidad  que tienen una influencia directa  y expansiva en todos los ámbitos de la vida humana. A esta realidad, la científica, se suman otras, el modo de enfrentar la crisis con influencias en el quehacer cotidiano que varía según los diferentes líderes mundiales y las especulaciones sobre su origen y propagación.

Lo cierto, es que en su condición biológica, es una enfermedad, seria, temible por la rapidez de su propagación y a la persona humana la ha involucrado en una catalogo de crisis que van desde la financiera hasta el comportamiento: el aislamiento y distancia como modo de preservación.

Los memes han desarrollado la imaginación caricaturesca, los excesos de prevención van mostrando situaciones despreocupadas y eso es grave, el turismo ha perdido cifras millonarias y el gel de mano junto a los barbijos se han hecho más imprescindibles que el oxigeno. Mucho de enseñanza dejará toda esta experiencia, entre las cuales creo está la de considerar una justa y prudente jerarquía de prioridades:

1.- Ver y no ignorar la realidad. La sabiduría en este caso es reconocer que estamos ante una pandemia que se instaló en nuestras vidas y a la que no  debemos tomar a la ligera.  La circunstancia nos pone ante una oportunidad: asumir la responsabilidad con una auténtica libertad que solo es posible desde la madurez humana. Esto significa mostrar lo mejor de nuestra condición, pensar que el bien es una apetencia propia de nuestra naturaleza y pararse ante esta circunstancia, sin olvidar que también somos seres sociales y que, a pesar de la paradoja existencial, debemos ayudar al otro, estando lejos de él.  El mal, la pandemia, por temor al contagio, plantea la desintegración y hasta la fragmentación social, pero esa actitud debe quedar en el terreno de lo práctico porque nuestra dimensión existencial nos plantea la tensión moral del bien, del otro, el prójimo, el más cercano: la familia y, el más lejano, aquel que no conocemos pero al cual, también,  nos debemos.

2- Debemos  de juzgar y analizar lo que nos pasa, es la exigencia a una reflexión desde la inteligencia y no sólo desde la mera emoción.  La humanidad había puesto su objetivo en vivir en una zona de confort y las sensaciones ganaron el terreno: el resultado frente a esta crisis es que la humanidad no estaba llevando su existencia de un modo virtuoso. Su estilo era periférico, epidérmico, liquido.

El consumismo, en el decir de Zygmunt Bauman, aparece como la nueva religión, y esto entra en un periodo de fracaso. Resultado de ello es la crisis de sentido que nos confronta al interrogante existencial: qué vale tener sino podés usar y menos aún, remediar el mal del virus que no lo podemos controlar.

La humanidad que sólo estaba preocupada por consumir, acrecentar fortuna, ganar, especular, buscar el placer del empoderamiento, fue  generando una ausencia global de lo espiritual para caer en el relativismo dela comodidad. . Este criterio del consumo ha marcado el modo de juzgar y utilizar la cosas y lo único que logró es un mundo liquido e invertebrado que ha puesto en crisis la propia identidad humana. Esta pandemia va a generar un Crack   económico pero también debe producir un positivo crack  moral que nos ayude a crecer hacia arriba para volver a recuperar nuestra esencia y buscar, de ese modo  los valores fundamentales.

3- Esta peste, en las actuales circunstancias, puede ayudarnos a realizar un serio examen de conciencia global y ayudarnos, como seres humanos, como sociedad,  a reflexionar con seriedad y rectitud de conciencia, sobre como estamos llevando el estilo de la vida. La pandemia muestra el colapso de los paradigmas del siglo XX sustentada en la cosmovisión modernista del súper hombre:  “ todo lo podía y sabía”. Ese hombre que llega al siglo XXI con el avance de la tecnología, nunca imaginó que su estilo de vida entre en crisis de sentido.  Ya Camus decía que las pestes pueden sacar lo mejor o lo peor de la condición humana y a lo largo de la historia se vuelve a comprobarlo. Este momento histórico es una oportunidad de renovar la fe profunda que alienta y sostiene la esperanza y que se traduce en la caridad de volver a Dios y de saber que el mejor amor al prójimo es cuidarse para cuidar.

Reflexionemos: estamos ante la oportunidad de resurgir. El Va Pensiero de Verdi nos alienta a mirar la belleza de nuestra tierra y a generar la esperanza de lograr lo mejor para ella,  pero a esa esperanza humana se la sostiene desde la fe. Dios es Señor de Historia y a Él le confiaremos salir adelante. La crisis de salud es de tal envergadura que no hay ciencia humana ni poder económico sólido que la pueda contener. Todo nos lleva a saltar la mirada hacia arriba, hacia el Señor a quien invocamos con fe para que disminuya esta pandemia y nos de fortaleza y disciplina para vivirla. Los testimonios de muchos en los países críticos está mostrando que la fe es un soporte esencial porque le da sentido a la enfermedad y a la misma muerte. No decaigamos en la Fe y en clamar a Dios que disminuya esta enfermedad y que sea breve el tiempo de la prueba.

Repitamos cuando nos gane la angustia: “Alma…, Calma…”