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Rezar es humano, escuchar es Divino

En su última Audiencia General, el Santo Padre, continuando con su catequesis sobre la oración cristiana, sostuvo que rezar es un acto humano, con todo lo que implica nuestra humanidad, y que Dios viene a nuestro encuentro siempre dispuesto a escuchar la oración.

Relación de confianza filial

En la primera parte de su catequesis y al resaltar la humanidad de nuestra oración, oramos como personas humanas, como quienes somos, el Papa nos enseña que la auténtica oración es un diálogo confiado y sincero entre un hijo y su Padre. El ejemplo es el Padre Nuestro, donde encontramos alabanzas y súplicas. En ese encuentro filial se condensan desde las preguntas y suplicas más elevadas hasta las más cotidianas: como el “pan de cada día”, que también significa salud, hogar, trabajo, cosas cotidianas; y también para la Eucaristía significa, necesaria para la vida en Cristo.

Conciencia de criaturas necesitadas

La oracion tambien nos pone en consonancia con nuestra naturaleza creatural, no somos nuestro propio principio. En tanto criaturas somos necesitados de Dios, no nos bastamos a nosotros mismos. Es cierto que a veces somos tentados de autosuficiencia: A veces podemos creer que no necesitamos nada, que somos autosuficientes y que vivimos en completa autosuficiencia. ¡A veces sucede esto! Pero tarde o temprano esta ilusión se desvanece. En esos momentos de oscuridad, dice el Santo Padre, tenemos que invocar a Dios, porque la oración abre destellos de luz en la más densa oscuridad. “¡Señor ayudame!”. Esto abre el camino, abre el camino.

Toda la creación reza con nosotros

Siguiendo a San Pablo (Rm. 8,22-24), el Pontífice sostiene que toda la creación espera la plena realización en Dios: cada fragmento de la creación lleva inscrito el deseo de Dios. .Pero somos los únicos en orar conscientemente, en saber que nos volvemos al Padre, para entrar en diálogo con el Padre.

Rezar sin avergonzarnos

El hombre tiene necesidad de la oración. Puede que uno ni siquiera llegue a creer en Dios, pero es difícil no creer en la oración: simplemente existe; se nos presenta como un grito; y todos tenemos que lidiar con esta voz interior que puede estar en silencio durante mucho tiempo, pero un día se despierta y grita. Por lo tanto resulta absurdo avergonzarse de recurrir a Dios para pedirle ayuda, darle gracias, alabarlo, preguntarle o hacerlo partícipe de las alegrías, pues la oración es  el grito del corazón hacia Dios que es Padre. 

Dios siempre responde

Con el ejemplo de los Salmos, Francisco, nos asegura que Dios no deja ninguna plegaria sin que sea escuchada y obtenga su respuesta, Dios siempre responde: hoy, mañana, pero siempre responde, de una forma u otra. Y es el mismo Dios el que nos anima y nos enseña a rezar:  el Padre escucha y quiere darnos al Espíritu Santo, que anima cada oración y todo lo transforma. 

La oración es un adviento 

Finalmente el Papa nos anima a rezar con la certeza de que en la oración el Señor nos visita todos los días en la intimidad de nuestro corazón si estamos esperando. Por eso la oración siempre está esperando, porque sabemos que el Señor responderá. Incluso la muerte tiembla cuando un cristiano reza, porque sabe que toda persona que reza tiene un aliado más fuerte que ella: el Señor Resucitado.