Por Bill Miller

BOROUGH PARK — Después de dos viajes a Cuba en ocho meses, el obispo auxiliar emérito, Mons, Octavio Cisneros afirma que las condiciones en su tierra natal se han deteriorado de “muy malas” a “aún peores”.
“No hay medicinas, no hay alimentos y no hay gasolina. No hay agua. La basura está por todas partes”, dijo recientemente a Nuetra Voz, al hablar sobre el caos en Cuba el 20 de abril en la parroquia St. Catharine of Alexandria, en Borough Park. “Pero lo más importante es que no hay libertad”.
Su visita de marzo tuvo lugar en medio de un bloqueo energético a Cuba ordenado por el presidente Donald Trump en enero. El bloqueo se produjo poco después del arresto, por parte de Estados Unidos, del presidente socialista de Venezuela, Nicolás Maduro, el 3 de enero.
Maduro vendía petróleo a Cuba, que lo revendía a clientes en otros países, pero utilizaba la mayor parte de las ganancias para mantener a su gobierno en el poder, en lugar de ayudar a su pueblo, explicó Mons. Cisneros.
El presidente Trump, por su parte, ha dicho que ordenó el bloqueo para obligar a Cuba a cortar su apoyo a rivales de Estados Unidos, como Rusia y China. También quiere que la nación isleña emprenda reformas sociales y económicas.
Sin embargo, Mons. Cisneros señaló que los problemas de su patria ya estaban en marcha mucho antes de que comenzara el bloqueo en enero.

Por ejemplo, señaló que entre las infraestructuras en ruinas del país se encuentran sus deterioradas refinerías de petróleo.
“Todo el mundo habla del bloqueo, pero recuerden también que ninguna de esas plantas ha recibido mantenimiento”, dijo el obispo Cisneros.
Los problemas se multiplican a partir de ahí, porque se necesita combustible para hacer funcionar los generadores eléctricos.
“Como no hay gasolina, no se tiene electricidad todo el tiempo, y a veces se pasan 24 horas sin ella”, explicó. “Cuando no hay electricidad, las bombas no funcionan y, por lo tanto, puede no haber agua”.
Sin combustible, los camiones de basura no circulan; los montones de desperdicios crecen en las calles, dijo Mons. Cisneros.
“Se puede ver que la gente está harta de esto”, afirmó.
Ha habido algunas protestas, con personas golpeando ollas y sartenes con palos, pero hacerlo implica el riesgo de ser encarcelado, dijo el obispo Cisneros. Aun así, el obispo retirado procura mantenerse neutral en cualquier conflicto entre los dos países para ayudar a facilitar la diplomacia, aunque eso moleste a la diáspora cubana en Estados Unidos.
Confirmó que en septiembre de 2023 recibió algunas críticas después de una breve visita con el presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez, quien se encontraba en la ciudad de Nueva York para participar en conversaciones en las Naciones Unidas.
El presidente hizo una parada en la histórica iglesia católica Church of the Transfiguration, fundada en 1836 por el padre Félix Varela, cuyo proceso de beatificación está en curso .
Mons. Cisneros dijo entonces a Nuestra Voz: “Nunca decimos que no a nadie que quiera venir a una iglesia. Así que intenté explicarle un poco de qué se trata esta iglesia, esta parroquia”.
El obispo auxiliar retirado adopta una postura similar cuando le preguntan sobre el actual bloqueo a Cuba.
“Yo digo que siempre estoy de acuerdo con lo que el Papa ha dicho sobre Cuba”, afirmó el obispo Cisneros. “Él es el Vicario de Cristo. Habla como líder religioso, no como político”.

Durante el Ángelus del 1 de febrero, el papa León XIV dijo que quería hacerse “eco” de un reciente mensaje de los obispos cubanos, “invitando a todos los responsables a promover un diálogo sincero y eficaz, para evitar la violencia y toda acción que pueda aumentar el sufrimiento del querido pueblo cubano”.
Los hospitales han informado que algunos pacientes murieron cuando los apagones cortaron la energía de los respiradores, aunque aún no se ha elaborado un recuento oficial de fallecidos.
Sin embargo, a pesar del caos, la Iglesia católica florece en Cuba, dijo Mons. Cisneros.
Su viaje a La Habana en julio fue para celebrar la reciente finalización de las reparaciones en la Church of the Good Shepherd of Jesus del Monte, que sufrió graves daños por un tornado en 2019. Recordó la alegría de una feligresa anciana en silla de ruedas.
“Ella estaba sentada allí con una gran sonrisa”, dijo el obispo. “Y me dijo: ‘Aquí me bautizaron, aquí hice mi comunión y aquí me casé’. Qué feliz estaba de ver su iglesia restaurada”.
La congregación, incluidos adolescentes y jóvenes adultos, llenó la iglesia para una alegre celebración litúrgica. Mons. Cisneros dijo que se sintió “fortalecido” por la fe de ellos, al igual que el padre José Agustín Orellana, párroco de St. Catharine of Alexandria, quien acompañó al obispo.
El padre Orellana, originario de Chile, dijo que al principio estaba preocupado, ya que había vivido el comunismo durante su infancia. Pero coincidió con el obispo en que fue una alegría ver que los fieles, aunque pobres, acudían a la iglesia con su mejor ropa.
“Mi gran sorpresa fue la vida de la Iglesia católica en Cuba”, dijo el padre Orellana. “Dentro de la iglesia, hay pobreza con dignidad”.
La fervorosa vida de fe también marcó el viaje que Mons. Cisneros realizó en marzo para celebrar la instalación del obispo Osmany Massó Cuesta en la Diócesis de Santísimo Salvador de Bayamo y Manzanillo, en la provincia de Granma, al este de Cuba. Esta zona sufrió grandes daños por el huracán Melissa en octubre pasado.
Mons. Cuesta es amigo desde hace muchos años de Mons. Manuel de Jesús Rodríguez, ex párroco de Our Lady of Sorrows Parish, en Corona, quien fue instalado como obispo de la Diócesis de Palm Beach, Florida, en febrero. Los nuevos obispos estuvieron juntos en el seminario de la misma orden religiosa, los Salesianos de Don Bosco.

Mons. Rodríguez también asistió a la instalación de su amigo y quedó alarmado por el empeoramiento de la calidad de vida en Cuba, país donde también había trabajado y que había visitado anteriormente.
“Lo que encontré no fue simplemente dificultad”, escribió Mons. Rodríguez para el periódico Florida Catholic. “Fue una profunda y creciente crisis humanitaria: cruda, visible y profundamente humana”.
“La desnutrición ya no está oculta: se ve en los rostros de los niños, en la fragilidad de los ancianos, en el silencioso agotamiento de los padres que ya no tienen nada más que dar”, añadió. “Cuba está clamando. Y nosotros debemos responder”.
Con ese fin, Mons. Cisneros ofreció tres sugerencias: rezar por el pueblo de Cuba, mantenerse informado para protegerse de la desinformación y ayudar “materialmente de todas las maneras posibles”.
También sugirió colaborar con el arzobispo Thomas Wenski, de Miami, quien ha estado trabajando con Cáritas Cuba (caritas.org/cuba), Catholic Relief Services y Catholic Charities of Miami (ccadm.org).
“Solo asegúrense de que su cheque indique que es para Cuba”, dijo.
