Caminando con los inmigrantes

La migración vista según la preferencia religiosa

Por Mons. Nicholas DiMarzio

Mons. Nicholas DiMarzio es obispo emérito de la diócesis de Brooklyn, continúa su investigación sobre la migración indocumentada en los Estados Unidos.

Recientemente hice una simple búsqueda en Google sobre el tema “La migración vista según la preferencia religiosa”, y obtuve algunos resultados interesantes. Las opiniones sobre la aplicación de las leyes migratorias están profundamente polarizadas según la religión: los protestantes evangélicos blancos (65%) y los católicos blancos (51%) muestran el mayor apoyo a medidas estrictas, incluidas redadas en lugares sensibles como iglesias, escuelas y hospitales, e incluso detenciones masivas. Sin embargo, solo el 24% de la población general está a favor de estas medidas. Por el contrario, los protestantes hispanos y afroamericanos, así como otros grupos religiosos (65%), se oponen en gran medida a estos métodos agresivos de aplicación de la ley.

Comencé a escribir estos artículos —que ya suman más de 50— con el propósito de educar a nuestra población católica sobre los hechos relacionados con la migración. Mi esperanza era cambiar la opinión de mis lectores mediante una reflexión basada en la doctrina social católica y una revisión cuidadosa de los datos. Sin embargo, el desaliento rara vez conduce a un cambio productivo. Por eso, intentaré comprender la reticencia o la oposición de algunos fieles católicos a aceptar las posturas expuestas por nuestro Santo Padre, el Papa León XIV, así como por sus predecesores, nuestros obispos y católicos reflexivos conocedores de la larga tradición de la doctrina social de la Iglesia.

Recientemente, en el Congreso, tuvo lugar una especie de debate escrito sobre las opiniones religiosas y la aplicación de las leyes migratorias. Comenzó con la publicación de un breve documento del presidente de la Cámara de Representantes, Michael Johnson, en el que afirmaba que la Biblia apoya las deportaciones masivas, citando la frase: “Sométase toda persona a las autoridades superiores”, tomada de la Carta de San Pablo a los Romanos. Su razonamiento era algo más complejo, pero queda resumido en una sola frase bíblica. En respuesta, la representante Rosa DeLauro reunió las firmas de más de 43 representantes católicos de la Cámara en una carta que citaba la enseñanza de la Iglesia y el fundamento bíblico para una comprensión religiosa más profunda de la migración.

Dado que la migración es un fenómeno social sumamente complejo, las personas de buena voluntad pueden tener opiniones diversas. Algunos sostienen que se necesitan juicios prudenciales para abordar cuestiones sociales complejas. Sin embargo, esos juicios prudenciales deben basarse en hechos que cuenten con un respaldo general. Esa ha sido precisamente mi tarea en estos artículos: presentar información basada en hechos sobre este complejo problema social que enfrenta nuestra nación.

Otra capa de argumentos, impulsada por el nacionalismo cristiano, ha sostenido distintas razones para restringir la inmigración. La tesis del nacionalismo cristiano es que Estados Unidos fue fundado como un país cristiano. Sin embargo, se hace poca referencia al hecho de que la ética judeocristiana ha sido el principio orientador de los Padres Fundadores desde los comienzos de nuestra nación. Algunos nacionalistas cristianos afirman que una nación no es cristiana a menos que la mayoría de sus habitantes sean cristianos y que los principios bíblicos orienten sus leyes.

Por lo tanto, según ese razonamiento, limitar la entrada de inmigrantes no cristianos sería preferible o incluso necesario para preservar una nación cristiana. Lamentablemente, este razonamiento se parece mucho a la plataforma del Ku Klux Klan y a su influencia en la restrictiva Ley de Inmigración de 1924, dirigida contra los católicos del sur y del este de Europa que ingresaban a Estados Unidos. Vemos, entonces, que incluso la noción de cristianismo debe definirse correctamente antes de aceptar cualquier forma de nacionalismo asociado con la religión.

El Papa León ha hecho famosa la expresión “la globalización de la impotencia”. En nuestros días, estamos sometidos a un ciclo de noticias de 24 horas, en el que cada problema del mundo se nos presenta en rápida sucesión. Parece fácil olvidar con tanta rapidez las consecuencias de la guerra en Gaza, el conflicto continuo en Irán, el sur del Líbano y la mayoría de los Estados del Golfo. Hay un sentimiento y una actitud de impotencia que nos abruman.

El problema de la aplicación de las leyes migratorias está en nuestra propia puerta y, lamentablemente, la idea de que la compasión es algo inalcanzable ha dañado nuestra voluntad de comprender mejor los acontecimientos internacionales y nacionales. Esto se ve especialmente cuando sentimos que no podemos hacer nada, o casi nada, para remediar los muchos problemas que nos enfrentan.

Como católicos informados y ciudadanos de nuestra gran nación, nuestro primer deber es conocer cuáles son los problemas y, en segundo lugar, hacer todo lo posible para influir en resultados positivos que estén en conformidad con la comprensión que nuestra fe ofrece sobre los numerosos asuntos sociales de nuestro tiempo.