Nuestra diócesis

En su primera misa del Cursillo, Monseñor Brennan es testigo de fe y renovación de votos

Por Alexandra Moyen · Reportera

Mons. Robert Brennan preside la renovación de los votos matrimoniales de José Toribio y Julieta Vázquez, junto al padre Pedro Angucho, durante la primera misa del obispo con el movimiento Cursillo. (Fotos: Alexandra Moyen)

EAST NEW YORK — La primera misa que Mons. Robert Brennan celebró para la sección local del Movimiento de Cursillos deparó un momento inesperado y lleno de alegría: Julieta Vázquez sorprendió a su esposo, José Toribio, al organizar en pleno servicio la renovación de sus votos matrimoniales.

Mons. Brennan presidió el momento y lo calificó de poderoso.

“Fue una bendición”, expresó. “Votos matrimoniales vividos con fidelidad. No siempre es fácil, pero lograr que las cosas funcionen es una gran señal, una señal del amor de Dios, y un aliento para otras personas en las parroquias y para los jóvenes en general”.

El momento tuvo lugar durante la misa del 21 de septiembre en la parroquia St. Michael-St. Malachy.

El Movimiento de Cursillos lleva más de 50 años dejando huella en la vida católica de Brooklyn y Queens. Nacido en España en la década de 1940 —de ahí su nombre, “curso breve”—, el Cursillo somete a sus participantes a un intenso retiro de fin de semana pensado para profundizar la relación con Cristo. Se trata de un movimiento reconocido por la Santa Sede y presente en todo el mundo, coordinado internacionalmente por la Organización Mundial de los Movimientos de Cursillos.

Solo en la diócesis, el movimiento ha realizado ya más de 700 fines de semana para hombres y mujeres, y su crecimiento no se detiene.

Mons. Robert Brennan bendice a los miembros del movimiento Cursillo reunidos en el sótano parroquial de St. Michael-St. Malachy tras su primera misa con el movimiento, el 21 de septiembre.

Mons. Brennan ya había acompañado al movimiento en su Ultreya anual —el día de retiro que se celebra cada primavera en el Santuario Nacional de Nuestra Señora de Częstochowa, en Doylestown, Pensilvania—, pero esta fue la primera vez que celebró misa para sus integrantes.

Al terminar, destacó la importancia del testimonio que ofrece el movimiento.

“Se trata básicamente de encontrarse con Jesucristo”, dijo a Nuestra Voz. “Las personas se mantienen conectadas con los grupos, profundizan su encuentro con Cristo y luego procuran animar a otros”.

El padre Pedro Angucho, al frente del Cursillo diocesano durante el último año, no tiene dudas sobre la misión del grupo.

“La misión del movimiento es acercar mucho a Cristo a las personas que necesitan a Cristo, llevar la buena nueva”, explicó el sacerdote, párroco de la iglesia St. Finbar, en Bath Beach. “Vamos a distintas familias, una por una. Tocamos la puerta y comenzamos a ser amigos, y luego les explicamos lo que significa, y los invitamos a hacer el Cursillo”.

Para Mons. Brennan, los frutos del Cursillo se ven con solo mirar la fe de quienes lo integran.

“Cuando ves la cantidad de personas que han hecho Cursillos, ves los frutos que está dando en sus vidas”, afirmó. “Están ahí, como levadura, ayudando a otros a experimentar ese mismo amor de Jesús”.

Cientos de feligreses llenaron los bancos de la parroquia St. Michael-St. Malachy, en East New York, cuando Mons. Robert Brennan celebró su primera misa con el movimiento Cursillo, el 21 de septiembre.