*Por Paula Katinas

PROSPECT HEIGHTS — Con el 250.º aniversario de la nación cada vez más cerca, los católicos pueden marcar la ocasión reflexionando sobre las contribuciones de los santos estadounidenses.
Según la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), hay 11 santos estadounidenses.
La USCCB cuenta entre ellos a quienes nacieron en Estados Unidos, a los estadounidenses naturalizados o a los misioneros que sirvieron en Estados Unidos o en sus territorios.
La lista incluye nombres muy conocidos como santa Francisca Javier Cabrini, santa Elizabeth Ann Seton, santa Katharine Drexel, san Junípero Serra, santa Kateri Tekakwitha y san John Neumann.
Otros son santa Marianne Cope, san Damián de Veuster de Molokai, santa Théodore Guérin, san Isaac Jogues y santa Rosa Filipina Duchesne.
Santa Francisca Javier Cabrini (1850-1917), canonizada en 1946, es la primera ciudadana estadounidense naturalizada en convertirse en santa. Nació en Italia y se convirtió en ciudadana estadounidense en 1909.
Santa Elizabeth Ann Seton (1774-1821) es la primera santa nacida en Estados Unidos. Nació en la ciudad de Nueva York, dos años antes de la Declaración de Independencia.
El santo estadounidense canonizado más recientemente es san Junípero Serra, un misionero cuya canonización tuvo lugar en 2015.
En conjunto, la santidad de un estadounidense es “un fenómeno muy reciente”, dijo Kathleen Cummings, profesora de historia en la Universidad de Notre Dame y autora de A Saint of Our Own: How the Quest for a Holy Hero Helped Catholics Become American (Un santo propio: Cómo la búsqueda de un héroe santo ayudó a los católicos a hacerse estadounidenses).
“Una de las razones por las que Estados Unidos no tuvo un santo durante mucho tiempo es que tenía muy poca riqueza e influencia en Roma”, explicó Cummings. “En realidad, se necesitaba eso para hacer avanzar una causa”.
Pero en el siglo XIX, los católicos comenzaron a desarrollar el deseo de ver santos estadounidenses.
“Lo que hace una causa de canonización es afirmar la santidad de una persona. También afirma que la santidad puede existir en tiempos y lugares concretos. Y la gente comenzó a decir: ‘Queremos un santo que haya vivido en nuestra tierra y haya caminado por donde nosotros caminamos’ ”, explicó Cummings. “Era una manera de validarse a sí mismos ante los ojos de la Iglesia universal y de demostrar que la santidad se había encarnado en suelo estadounidense”.
Al reunir pruebas de la santidad de alguien, “también estaban reuniendo pruebas de su propia relevancia”, agregó Cummings.
El camino hacia la santidad fue distinto para santa Francisca Cabrini y santa Elizabeth Ann Seton.
Santa Francisca Cabrini fue canonizada en 1946, menos de 30 años después de su muerte en 1917, cuando sus partidarios propusieron por primera vez su santidad. Santa Elizabeth Ann Seton, en cambio, tuvo un camino más largo hacia la santidad.
“La causa de Seton fue propuesta por primera vez en 1882, y llevó muchísimo tiempo”, dijo Cummings.
No fue sino hasta 1940 cuando se abrió oficialmente su causa de canonización, y tuvieron que pasar otros 35 años para que fuera declarada santa en 1975.
Una santa cuyo camino hacia la santidad fue relativamente rápido fue santa Katharine Drexel (1858-1955), oriunda de Filadelfia y fundadora de las Hermanas del Santísimo Sacramento. Su causa de canonización se abrió en 1964, nueve años después de su muerte. Fue canonizada en 2000.
“No fue demasiado tiempo. Eso tuvo mucho que ver con Filadelfia y con el cardenal de allí, el cardenal John Krol, quien realmente impulsó la causa”, dijo Cummings.
La canonización puede ser un proceso complicado, a menudo cargado de drama, señaló.
“La canonización trata de la santidad, pero no trata solamente de la santidad. También interactúa con lo que los católicos consideran importante en un momento determinado”, explicó.
Sin importar cuán largo o corto sea el camino hacia la santidad, eso no disminuye la santidad de los santos, agregó Cummings: “Creo que la engrandece, porque la santidad resplandece a través de toda la política”.
