Derecho y vida

Tran-sus-tan-cia-ción

Aunque no es normal, lo hago de vez de cuando. En mis homilías, llevo ya bastante tiempo pidiéndoles a mis feligreses repetir conmigo sílaba por sílaba esas palabras técnicas y necesarias cuando quiero resaltar algo muy importante. La repetición —para mí— siempre ha sido una técnica didáctica muy efectiva. Sobre la marcha, me siento como un padre que enseña a mis hijos balbuciendo y trastocando. Se dice que se aprende a nadar nadando, o sea teniendo la experiencia actual. En el contexto del aprendizaje doctrinal, uno tiene que paladear, tocar, sentir, oler, y ver los conceptos.

Monseñor Nicholas DiMarzio durante el momento de la consagración en el rito Eucarístico.

Las sílabas TRAN-SUS-TAN-CIA-CIÓN son los componentes de la palabra que es piedra de toque para entender la doctrina de la Iglesia sobre la Eucaristía. Algunos tienen miedo o, al menos, evitan utilizar palabras técnicas y necesarias para no confundir y desanimar a la gente. Yo creo que el resultado de esta actitud ha sido la ignorancia de la gente católica que se desveló vergonzosamente en una reciente encuesta hecha por un centro de investigación, el Pew Research Center.

La encuesta hecha en febrero de este año dio un resultado abrumador y penoso. Dice que siete de diez (69%) católicos no creen en la presencia real de Jesús en la Eucaristía. Creen que es nada más que un símbolo. Solamente tres de diez católicos (31%) dicen que creen que el pan y vino se convierten en el cuerpo y sangre de Cristo en la misa.

La misma encuesta ha podido concordar la relación entre los que no creen en la presencia real de Cristo y la ignorancia sobre la doctrina de la transustanciación. Los que creen, en cambio, conocen la doctrina de la transustanciación. Así mismo, la ausencia, o la falta del hábito de asistir a la Santa Misa dominical, se ven relacionados al dato de la ignorancia doctrinal de la presencia real.

La doctrina de la “transustanciación” es la explicación zanjada desde el Concilio de Trento para entender el cambio del pan y el vino al Cuerpo y Sangre de Cristo. En la consagración dentro de la Misa, se cambian la sustancia del pan y el vino al Cuerpo y Sangre de Cristo, aunque mantengan la forma de pan y vino. Santo Tomas de Aquino, en el himno eucarístico “Adoro te devote”, enseña que se ven, se tocan, y se paladean pan y vino pero se saborean por la fe el Cuerpo y Sangre de Cristo. Por eso, jamás serán símbolos el pan y el vino del Cuerpo y Sangre de Cristo. ¡Jamás! El pan y el vino es la presencia real de Cristo entre nosotros.

¿Cómo sabemos que es realmente el Cuerpo y la Sangre de Cristo lo que recibimos en la forma de pan y vino? Esto se llega a saber por el oído, que se nos dice y oímos: El Cuerpo y Sangre de Cristo.

¡Transustanciación! Esta palabra realmente es la piedra de toque para entender el resultado vergonzoso de la encuesta y también para programar una respuesta al problema.

Así que, repitan todos conmigo:
TRAN-SUS-TAN-CIA-CIÓN.